El ornitorrinco

Nuestra extinción

I. Te odio con toda la pasión que representa un beso. Te detesto casi tanto como te deseo. Si tuviera que cumplir una condena, sería vivir tres vidas a tu lado, junto a tus demonios, dudas y mi desconsuelo. Te asfixiaría, sin dudarlo, con el más cruel de los abrazos. No me apiadaría, ni un instante, de tu cuerpo. Te torturaría hasta el último de nuestros orgasmos; y ahí, mientras nuestras miradas se cruzan y me escurran las lágrimas, te dejaré de amar.

ll. Me gustaría que fueras este llanto y te escurrieras, lentamente, hacia afuera. Que dejaras de existir con solo rosarte y te evaporaras al tocar la tierra. Me gustaría que salieras de estos ojos, como quien se fuga por cobarde; que corrieras lejos de este mundo, a donde nadie pudiera tocarte. Me gustaría que fueras agua y no sangre que llevo en las venas, para así poder desecharte, sudarte, llorarte y que siempre en la lluvia volvieras.

lll. Nunca he sabido de una flor que tenga que renunciar al Sol, tampoco he sido testigo de un pez que sea exiliado del agua, ni sé de un mar que permaneciera inmóvil ante la Luna, no conozco a un solo hombre al que no se le permitiera mirar las estrellas. Es absurdo pensar en un mundo al que se le prohibiera rodar. Sin embargo, aquí estás tú, contradiciendo a la Naturaleza y apartándome de ti.

lV. Un mundo nuevo se construye en la distancia que tenemos. Alrededor de nosotros, hay silencio. Ciudades se edifican en cada kilómetro que nos separa. La humanidad envejece mientras nos mantenemos apartados, y los árboles echan raíces en cada hueco que no habitamos. Los meteoros se estrellan entre nosotros y apenas nos tocan las mismas partículas de polvo. Se siente que transcurre la historia de la Tierra, y cada quien la mira desde lejos. ¿Alcanzas a ver la extinción masiva de vida? Tal vez es nuestra. ¿Puedes sentir el calentamiento global? Tal vez es nuestro. Se hace la luz y la oscuridad. La luz cuando nos sentimos y la oscuridad sin poder tocarnos. Sólo nos queda pedirle al tiempo que haga de lo nos queda, lo que le hace la fotosíntesis a las plantas, esas que habitan como enredadera en nuestros recuerdos. Este mundo resulta tan ajeno, que lo único familiar que le queda es el amor que te tengo.