El ornitorrinco

Una elección

¿Alguna vez te has preguntado si lo que termina con tus relaciones es la idea sobrevalorada que tienes del amor?

Es absurdo esperar que el asunto de las mariposas en el estómago, las manos sudorosas, las pupilas dilatadas, la serotonina a niveles desmesurados y la taquicardia permanezca con nosotros mientras estamos enamorados. Mientras estamos enamorados, qué raro suena. Pensar el amor en términos transitorios es tan generacional que casi es un alivio que el tiempo avance.

¿Qué tal cuando las relaciones se vuelven reales y el amor ya no se siente como si estuviéramos flotando sino como si tuviésemos los pies sobre la tierra? He visto personas correr en sentido opuesto a lo que sienten después de aterrizar. ¿Por qué? Porque creen que ya no están enamorados. Y, probablemente, porque una vez en el suelo no saben qué hacer con la necesidad de moverse.

Pero moverse también significa trabajar en una relación en la que no es sólo el amor lo que nos une a la persona con la que estamos, sino la paciencia, la tolerancia y cualquier sentimiento opuesto al egoísmo y a la soberbia.

Puede ser que por eso nuestros abuelos no se separaban ni tan facil ni a la primera, porque creían en ellos y creían en el amor incluso cuando se sentía como una doble soledad. Y es que seguramente sabían que en otro momento se sentiría como un gran alivio. No había esa desesperanza prematura que ahora nos tiene tan intoxicados.

Una pareja, en el sentido literal de la palabra, es para crecer y crear, al mismo tiempo; para confrontarnos y apoyarnos. Como he escrito antes en este Ornitorrinco: creo que lo más bello del amor es que nos hace recordar que no somos el centro de nuestras circunstancias. Algunas veces importamos más nosotros y otras importan más nuestras parejas.

El milagro se encuentra cuando dos coinciden en el mismo momento, en el mismo espacio y con las mismas voluntades. Y se aman profundamente y lo disfrutan. Y lo eligen cada día. A pesar, incluso, de ellos mismos. Lo mejor que tenemos -y lo más puro- es el amor, complicarlo es una contradicción.

La responsabilidad que implica decidir querer y posteriormente admitir que se re-quiere de una compañía, de un abrazo, del intercambio y del sueño, es algo tan íntimo que en realidad sólo cabe en uno. Después de averiguarse a través de la elección nos convertimos en dos. En un dos que no es la suma de uno más uno sino el resultado de la expansión de un universo que nos permitimos juntos.