El ornitorrinco

Tacto

Los cambios de opinión son más comunes de lo que creemos. La mayoría de las veces preferimos guardarlos para nosotros mismos, ya sea por permanecer firmes ante una decisión o para sostener nuestra palabra. Nos cuesta aceptar que la respuesta negativa que dimos ayer, hoy sería positiva. O viceversa.

Mi madre dice que padezco de "honestidad innecesaria". Cree que a veces digo cosas para quitármelas de encima pero que a nadie le hace falta escuchar. Yo, por el contrario, pienso que lo que digo no es solo para externarlo sino también para que se quede dentro de la persona que me escucha y, por otra parte, reafirmar (y eso solo es un trato conmigo misma) que me están conociendo tal cual soy. Y a eso le denomino "dosis sana de cinismo".

Markus, mi ex novio, resultó un depósito recurrente (y hasta conveniente para mi forma de ser) de señalamientos y cuestionamientos, porque era más cínico que yo. Cada vez que sentía dudas, lo externaba. No siempre lo verbalizaba pero había algo en su conducta que lo delataba por completo: su mirada, su mano tallando su muslo, su sonrisa de Monalisa, su tartamudeo y, en casos extremos, sus lágrimas... Nuestra relación se basó en una honestidad desmedida; innecesaria, como dice mi madre. A veces dolorosa y otras tantas gratificante.

Markus y yo terminamos porque, como león que conoce a los de su condición, detecté que él ya no estaba convencido de caminar por los mismos senderos que yo. En el fondo era muy cómodo culparlo por falta de compromiso o por sus dudas, antes que voltear a ver que también era un asunto mío.

Con David, mi actual pareja, la dinámica es distinta. Estoy aprendiendo que tener tacto es indispensable para construir una relación y reconstruir lo que el pasado, hasta cierto punto, dañó. Tanto en su estructura como en la mía. Es difícil reconocer que cuando estamos con alguien, nos tejemos mutuamente; dejamos de ser estambre de un solo color y comenzamos a ser la mezcla de uno y otro. Es innevitable llevar una parte de las personas que en algún momento estuvieron con nosotros. Yo, de pronto soy un poco Markus, él de pronto es un poco su ex mujer. Es raro entenderlo y asumirlo.

Sé que todas las relaciones son distintas porque cada persona nos inspira diferentes emociones. Somos un caleidoscopio que cambia con cada ojo que lo mira y cada mano que lo gira. El punto es que hoy, después de tener esas dos relaciones como eje de mi formación amorosa, me doy cuenta que omitir decir toda la verdad no es mentir y que callar lo que pienso no es ocultarlo. El amor también se manifiesta con prudencia. Tocarnos (en sentido literal y metafórico) con amor, es decir, tener tacto, representa dejar de esperar que el cariño se otorgue con prisa y ansiedad.