El ornitorrinco

Comer

Casi siempre se habla de la relación con la comida haciendo énfasis en los trastornos alimenticios, pero hay una forma de relacionarnos con la comida que a muchos nos facilita la relación con el resto del mundo. Quedar con los amigos no resulta tan fascinante si no hay un buen plato de quesos y carnes frías de por medio, o cerrar un contrato laboral no es tan placentero sin una cena acompañada de una copa de vino para brindar. No concibo celebrar algo sin el debido festín que merece el gozo.

Y es que la comida no es solo un elemento representativo de nuestra cultura y un elemento básico de supervivencia, sino una manera de comunicarnos a través de todos nuestros sentidos. No en vano cocinarle a alguien es uno de los manifiestos más grandes de cariño. Compartir los alimentos se convierte en algo muy íntimo. La comida nos forma y nos conecta. Somos, sin duda, lo que comemos. Y, sobre todos, aquello que disfrutamos.

La comida es, también, una manera de expresarnos y entendernos. Todos sabemos lo que quiere decir que las cosas están de la guayaba, que en todos lados se cuecen habas, que alguien le echó mucha crema a sus tacos, que el examen fue pan comido, que una persona es mucho ruido y pocas nueces, que ese arroz ya se coció, que alguien metió su cuchara, que nos dieron atole con el dedo o que nos salió más caro el caldo que las albóndigas...

La comida es maravillosa: es el primer vínculo con nuestra madre, el primer contacto con nuestras tradiciones y la primera oportunidad de elegir lo que nos gusta y lo que no nos gusta, y que sea respetado. Aunque también se agradece mucho cuando alguien influye de manera positiva en nuestro gusto. Es muy difícil olvidar a una persona que nos enseñó a comer algo que antes no nos gustaba o que no nos habíamos atrevido a probar. De hecho, nosotros no volvemos a ser los mismos después de integrar ciertos alimentos a nuestra personalidad.

Dice mi mamá que en lugar de darme chupón me daba una cebolla cambray, tal vez esa sea la explicación a que sienta tanto confort y gusto al comer. La comida es una parte muy importante de mi vida y de mis relaciones interpersonales. Es un momento y un lugar en el que celebro, me refugio, me consiento, me quiero, me entrego y, por si fuera poco, me nutro y me mantengo viva para el siguiente manjar.

Ahora entiendo que dar las gracias por los alimentos no es un acto religioso sino un ritual de consciencia sobre lo que tenemos sobre la mesa y que, desafortunadamente, muchos no lo pueden disfrutar.