Nada personal, solo negocios

¿Un verdadero petrobloque norteamericano?

En círculos de información energética se habla de que la sobreproducción de crudo a escala global es parte de una nueva guerra fría. El análisis ubica dos bandos: los 12 de la OPEP (Arabia Saudita, Irán, Irak, Libia, Nigeria, Venezuela, Ecuador,  Kuwait y otros) contra Noruega, Reino Unido, Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, México… 

Lo que desató la ofensiva de la OPEP es que el bando rival incrementó la producción de petróleo en años recientes, cosechando enormes rentas con precios de más de 100 dólares por barril. En respuesta, la OPEP incrementó su producción, provocando la caída en los precios del crudo.

La semana pasada, la OPEP determinó no modificar su producción actual, 30 millones de barriles diarios, como estrategia para promover la debilidad en los mercados. La intención es que la OPEP recupere participación de mercado y beneficiarse de cascadas de dólares cuando los precios reboten a niveles superiores a los actuales.

En este sentido, me cuenta el consultor mexicano Ramsés Pech que esta guerra “es cruel y las primeras bajas son en EU, con la disminución en el número de equipos de perforación, cancelación de proyectos y ajustes del costo por barril”.

Así, hay quien propone una mayor integración regional para enfrentar los intentos de la OPEP por inundar el mercado. La idea, dice Daniel Shehadey, de In Homeland Security, es que Canadá, EU y México se reagrupen en un bloque energético para resistir los embates de una OPEP con intereses variopintos entre sus miembros.

O sea, poco tiene que hacer el interés de Arabia con el de Venezuela, por ejemplo, pues el país de Medio Oriente tiene sus propios conflictos con Irán y otros vecinos y el sudamericano está aislado. Por otra parte, los principales productores europeos (Reino Unido y Noruega) enfrentan una crisis de seguridad energética en términos de costos de producción y parte de sus concesiones están en países con un frágil estado de derecho.

Negociar una mayor integración con EU es obligada, pues, como dice Pech, el conflicto árabe-iraní podría provocar una carambola energética, geopolítica y comercial ya que Irán podría salvar todo tipo de restricción y vender crudo a EU a precios más competitivos que México.

Así, Irán tendría una salida para su crudo almacenado y de fácil producción y quitaría a México parte de su mercado. El efecto sería catastrófico, pues el Departamento de Comercio de EU dice que el pago a México por crudo cayó 51 por ciento en el primer trimestre de 2015 contra el mismo periodo de 2014.

Así que, de todas las regiones productoras, quizá la de Norteamérica sea la que más fácil se puede integrar más energéticamente, y no tiene que ver con entregas o pérdidas de soberanía.

barbara.anderson@milenio.com

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