Nada personal, solo negocios

La mezcla tóxica de Oceanografía

Si uno revisa el pasado, comprueba que los Yáñez hubieran sido capaces de vender paletas a los esquimales. Solo así se explica cómo le quedaron debiendo a la naviera noruega DSND la renta de un navío en 2001, el cual estaba a su disposición por unos meses y luego tenía que regresar a su base en el Ártico a cumplir operaciones de rompehielos. En documentos judiciales en Londres, se establece que Oceanografía no pagó las sumas acordadas en un contrato porque sus representantes dijeron que nunca se firmó. Otra chicanada se vio en 2007, tras el notorio accidente del navío Seba’an, que en ruta de Ciudad del Carmen a una plataforma en el Golfo se incendió, provocando la muerte a un trabajador e hiriendo a varios más. Ante una demanda colectiva presentada en Texas contra OSA, la firma afiliada de Oceanografía, los abogados de la proveedora de Pemex argumentaron que su negocio era en México, que el accidente sucedió en aguas mexicanas y que OSA nada tenía que ver en el asunto. Pero en documentos judiciales se asentó que Oceanografía y OSA son la misma cosa.

Todo esto es preludio de la jugada maestra con la que Oceanografía se convirtió en una de las consentidas del mundo financiero: a mediados de 2008, justo en la pesadilla de la crisis de las subprime, que causó una debacle global, los Yáñez persuadieron al circuito de compraventa de bonos de deuda de adquirir 335 mdd.

La operación llegó a buen puerto debido a la posición de Oceanografía de ser, según Fitch Ratings, “un proveedor líder de servicios marítimos para Pemex”. Los bonos, que se vencen en 2015 y que ya tienen un retraso significativo en el pago de réditos, ofrecían atractivos incentivos a los inversionistas.

En retrospectiva causa escozor la manera en que un banquero citado por EmergingMarkets.org definió la ingeniería financiera para estos bonos: “Se trata de una transacción atractiva para los inversionistas, con un alto rendimiento”. En el mismo espacio, otro dijo: “Esto es muy bueno. Demuestra que el mercado está abierto para quienes ofrecen altos rendimientos y que están abiertos a pagar”.

La operación, en la que Baker & Mackenzie asesoró y representó a Oceanografía, incluyó como colateral siete de las embarcaciones de la firma. Ahora sabemos que esos barcos están en pésimo estado y tienen unos 20 años de operaciones.

barbara.anderson@milenio.com

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