Nada personal, solo negocios

Un maíz, dos Méxicos

Hace un año la consultora McKinsey presentó el informe Una historia de dos Méxicos: crecimiento y prosperidad en una economía de dos velocidades. El eje era un país que por un lado es superexitoso y sofisticado, que se convirtió en uno de los exportadores de manufacturas más importantes, pero convive con otro país mediocre. No olvidemos que del otro lado está el México mediocre y retrasado, con una productividad muy baja y con alta informalidad.

Algo similar ocurre con la producción de maíz. Mientras en el norte los productores de Sinaloa son ultraeficientes y con cosechas que se comparan con sus pares del famoso “corn Belt” de Estados Unidos —la zona con la mayor productividad del mundo—, de la mitad para abajo del país la situación es opuesta.

Cuando en el norte en una hectárea de terreno se pueden cosechar 11 toneladas de maíz, en el sur en el mismo espacio solo se levanta poco más de una tonelada.

“Hoy en el sur hay 5 millones de hectáreas que producen 6 millones de toneladas. Nuestro proyecto es ayudar a convertir al menos una primera hectárea a que produzca sola 6 millones de toneladas, duplicar la producción en menos espacio”, me decía Manuel Bravo, presidente y director general de Monsanto Latinoamérica Norte.

La firma tiene un proyecto que ya lleva cinco años en el que suman poco a poco hectáreas más productivas en zonas poco tecnificadas. Este año llegarán a 80 mil en el sureste del país, con ratios de cosecha similares a los de su productivos vecinos del norte. El plan —además de sus semillas híbridas— incluye alianzas con más empresas para que lleguen con soluciones “en conjunto” para los productores de esta zona. Trabajan en alianza con Financiera Nacional —incluso Santander analiza entrar—, Proagro para seguros, con Tepeyac para fertilizantes y con Bayer para soluciones de plagas. “Además, los ayudamos a hacer agricultura por acuerdos con firmas como Gruma, Minsa o Harimasa, para que puedan comenzar a ubicar los excendentes de producción que les permiten este aumento en lo que producen”, agrega Bravo.

El plan de Monsanto incluyó incluso una metamorfosis interna de la empresa. Dividió su fuerza de venta en dos grupos: uno dedicado a su principal negocio —la comercialización de semillas— y otro para reconversión agrícola.

El norte versus el sur incluye un capítulo más: invitar a productores exitosos del norte a asociarse con productores del sur o comprar extensiones de campo para potenciar la producción. Mientras en Sinaloa una hectárea de campo se vende en 200 mil pesos, en Campeche se consigue en 10 mil.

barbara.anderson@milenio.com

http://twitter.com/ba_anderson