Nada personal, solo negocios

Hasta que la fructosa nos separe…

Cada vez me convenzo más de que el asunto del impuesto a los refrescos y alimentos chatarra es un laberinto que no va a dejar satisfecho a nadie y que, de hecho, no funcionará. Una iniciativa similar fracasó en Dinamarca y otra fue catalogada como inconstitucional en Nueva York.

El tema ha sido recogido con folclore en algunos medios de EU por dos vertientes: el enorme mercado de la nostalgia por la Coca-Cola Made in Mexico y porque Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, hizo una donación de 10 mdd para promover la aceptación al impuesto (él dice que no ha cabildeado en México).

Sobre el primer punto, la paradoja es que acá siempre se creyó que las cocas mexicanas sabían mejor que las gringas por el azúcar (las de EU tenían, se supone más jarabe de maíz). Pero ahora podría cambiar. El impuesto podría provocar que las embotelladoras incluyan más fructosa en sus refrescos mexicanos, dejando las fórmulas con más azúcar para el otro lado.

Es más complicado de lo que suena. Las bebidas llamadas Mexicoke son refrescos hechos en México que se venden mucho en EU. Las marcas preferidas son Jarritos y Sidral, así como Coca-Cola. En el caso de ésta, es tanta la popularidad de las cocas en la frontera y estados como Illinois, Nueva York y Georgia, que los distribuidores y embotelladores del otro lado del Bravo se quejan a nivel corporativo por la rivalidad de las Mexicoke.

Con la medida impositiva de este lado, quienes podrían resultar ganones serían los embotelladores estadunidenses, quienes podrían anunciar, en una vuelta de tortilla, que sus cocas tienen más azúcar que las mexicanas.

Leo Jiménez, distribuidor de productos mexicanos en Atlanta (sede de la Coca-Cola), dice que muchos clientes le han apresurado pedidos de Coca-Colas de México. “Muchos siguen añorando las botellas de vidrio; ahora les preocupa que sus cocas tengan menos azúcar y que por lo tanto sepan menos ricas”.

Otro punto es que una intención del impuesto a refrescos y comida chatarra es que los haría más caros. Pero acostumbrados a beber tantos refrescos (somos por mucho, más del doble, el principal consumidor per cápita de estas bebidas), lo más probable es que ni moleste el peso de más a cada litro.

Si ni siquiera sabemos en cuánto anda el litro de gasolina y sin tanto ruido asumimos el gasolinazo mensual.

barbara.anderson@milenio.como Twitter: @ba_anderson