Nada personal, solo negocios

Los "frenemies" mexicanos de Trump

En inglés, un portmanteau es una figura lingüística que une dos términos para formar uno solo. Por ejemplo, el silogismo frenemy, que deriva de amigo y enemigo.

A eso están llegando México y EU ante el inminente gobierno de Donald Trump al otro lado de la frontera, quien no se cansará de atizarle a la piñata mexicana a fin de satisfacer a los fans que lo eligieron y quienes nos achacan el origen de muchos de sus males.

Hay dos casos de frenemies que unen y repelen a Trump, dos mexicanos que lo han sufrido ayer, pero que hoy buscan sacar la mejor cara al respecto.

Uno es Carlos Slim, a quien el presidente electo de EU maltrató durante la campaña, llegando a decir que como “dueño” del New York Times, el ingeniero dictaba la línea editorial del rotativo en su contra. Asimismo, acusó a Slim de encabezar una conspiración, junto con el Times y los Clinton, para afectar su imagen como candidato.

Una de las evidencias, dijo Trump, es que Slim inyectó millones de dólares en la Fundación Clinton por medio de varias de sus empresas. Una de ellas era TracFone, el operador virtual más grande de EU. Su negocio consiste en rentar espectro a diversas firmas y vender servicios de telefonía inalámbrica a millones de usuarios en prepago, como lo hace Telcel en México. En varios círculos políticos de EU corre la versión de que la cena decembrina entre Trump y Slim en el resort floridano de Mar-a-Lago fue organizada por la firma de cabildeo Avenue Strategies, de Corey Lewandowski y Barry Bennett. Uno de sus fines fue promover la posición de TracFone en Lifeline, una iniciativa que Barack Obama promovió para dotar de smartphones gratis a millones de ciudadanos de bajos recursos. TracFone es una de los principales proveedores de este programa, conocido como el “Obama Phone”. Bennett antes presidió el grupo Prepaid Wireless Users of America, desde donde cabildeaba la inyección de millones de dólares justamente para Lifeline.

De ahí que durante la cena, Trump encontró en Slim a un “hombre maravilloso” y al mexicano se le olvidó decir del presidente electo lo que soltó antes de las elecciones, que “no es lo mismo ser borracho que cantinero”.

Otro frenemy tiene que ver con el efecto T: tequila y Torre Trump.

Juan Beckmann Vidal tiene varios metros cuadrados en la icónica y dorada propiedad del futuro presidente y seguro hará uso de sus derechos de vecino para retomar la idea de sacar a Bolsa a Cuervo, la cual canceló por los calambres que la victoria de Trump metió en las relaciones comerciales de México y EU. Es decir, nada que unos tequilitas, diplomacia y suerte no puedan curar.

barbara.anderson@milenio.com

Twitter: @ba_anderson