Nada personal, solo negocios

Del mexican moment al Trump torment (columna Anuario 2016)

El 2016 nos sorprendió con el inesperado triunfo de Donald Trump. ¿Qué plan hay para make Mexico great again?

Este 2016 fue un año de sorpresas por parte de las dos mayores economías en ambos lados del Atlántico: primero el Brexit, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (¿quién lo hubiera imaginado un año atrás?) y luego el triunfo en EU de Donald Trump contra cualquier pronóstico –incluso de su propio partido-.

A la emancipación inglesa la vimos de lejos, casi con curiosidad sociológica, pero a la llegada del millonario inmobiliario a la Casa Blanca la vimos con la misma angustia con la que mirábamos las imágenes hace dos años del hucarán Patricia avanzar sobre Jalisco.

No por nada Agustín Carstens (gobernador del Banxico y sin duda quien más ha opinado sobre el empresario neoyorkino antes y después del 8 de noviembre) dijo semanas antes de las elecciones en EU que un triunfo del republicano podría ser un “Huracán de intensidad 5”.

Hace unos días cambió esta metáfora y al ver la manera mucho más moderada en la que Trump estaba encausando sus propuestas ya casi se había degradado a una mera “tormenta tropical”.

¿Con qué propuestas económicas ganó la presidencia y nos dejó a todos azorados? Un poquito de ideas liberales (baja de impuestos) combinadas con principios keynesianos (más gasto público) pero rodeadas de propuestas proteccionistas (salirse de todos los tratados económicos de gran calado).

Ahí, en medio de su diana electoral colocó ni más ni menos que a México: que construir un muro para frenar la migración ilegal; que salirse del TLCAN para frenar fuga de inversiones estadounidenses en nuestro país; que cobrar aranceles de 35% a los productos mexicanos para frenar el desbalance comercial de EU.

Semanas antes de las elecciones, todas las medias juntas sonaban como una bomba para nosotros, el país más industrializado de Latinoamérica y también el más dependiente del comercio con su vecino (8 de cada 10 dólares de las exportaciones). Para diciembre, Trump (mientras montaba un gabinete casi tan insólito como su propia candidatura) ya había moderado su discurso y sus ideas.

Eso sí: fue enfático en que sacará a su país del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) pero no dio muchos detalles del TLCAN. Canadá está de acuerdo en revisar este tratado y a México no le quedará otra alternativa que hacer lo propio.

“Pero en ningún caso esto se va a traducir en una crisis financiera para nuestro país porque la relación es tan profunda e integrada con EU que va más allá del Tratado. El peor escenario es que sí se salga EU y entonces nos vamos a exportar en base a las normas de OMC y ahí los aranceles son bajos también y seguiríamos siendo negocio”, me decía un optimista Luis Robles, presidente de la Asociación de Bancos de México y del Consejo del mayor banco del país, BBVA Bancomer, “si no, empresas como Ford no hubieran ratificado sus inversiones en México”.

El costo de la mano de obra mexicana sigue siendo competitivo y la cercanía no deja de ser un activo que va más allá de muros o de tratados. Si bien es cierto que 80% de nuestras exportaciones son hacia EU, también es cierto que 40% de las ventas externas de EU son en México. El daño de sus planes proteccionistas no solo nos afectaría a nosotros.

Según el último reporte del Instituto Peterson de Economía Internacional, si Trump cumple su agenda comercial, “los países extranjeros pronto tomarán represalias”, provocando un “enorme daño económico a firmas estadounidenses, trabajadores, y comunidades, lo cual podría desatarse en una guerra comercial” antes que cualquier recurso judicial se aclare.

“Le corresponderá al sector privado de EU -que tiene muchos intereses y que ha invertido miles de mdd en la región de Norteamérica- educar al nuevo gobierno de las ventajas que tiene para los tres países conservar un acuerdo de libre comercio”, dijo en una conferencia hace unos días Javier Mancera, consultor con la firma De la Calle, Madrazo, Mancera.

“Que termine el TLCAN no significa que se acabe la integración con EU”, agrega Robles, quien buena parte de las conclusiones las tomó de una serie de 'escenarios de estrés' que le aplicaron a todos los bancos post triunfo de Trump. A diferencia de otras crisis –como la que promete la nueva era republicana en Washington- en esta ocasión encuentra a México desde el punto de vista bancario muy bien capitalizado, con una cartera sana y con dinero fresco para prestar y dinamizar el consumo interno.

Tal vez ahí esté la clave. En mirar hacia adentro y descubrirnos como un mercado per se. “El motor nacional en los últimos dos años ha sido el consumo interno, superando a las exportaciones y a la inversión pública”, agrega Robles. Y mientras el verdadero programa de Trump sigue siendo un poco misterioso sobre cómo será en realidad, otro tanto es la postura de México.

Ildefonso Guajardo desde la Secretaría de Economía habla de aprovechar los más de 40 'otros' tratados de libre comercio y el mercado asiático como una alternativa ante la cerrazón de nuestro (hasta ahora) principal socio comercial.

Por su parte, José Antonio Meade desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público confía en que los buenos números macroeconómicos del país son un paracaídas para este cambio tan radical en el comercio internacional. Banxico ya recortó crecimiento para 2017 (entre 1,5% y 2,5%) pero no espera un descalabro post 20 de enero.

Su estrategia será reactiva e irá haciendo ajustes a medida que Trump empiece a mostrar las cartas que va a jugar. Pero un real paquete de medidas económicas para make Mexico great again aún se hace esperar por parte del principal damnificado del triunfo de Trump, es decir nosotros, ese país que hasta hace un año hacia el check list de memoria de por qué vivíamos el Mexican Moment.


@ba_anderson