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Presupuesto cero: de Jimmy Carter a Peña Nieto

Ahora que la firma brasileña 3G busca comprar a Kraft Foods por 49 mil mdd y fusionarla con Heinz, se puso en boga lo del “presupuesto cero”. En México ha habido seminarios con funcionarios, legisladores, consultores y empresarios para discutir esa práctica, que revisa a conciencia los méritos de cada proyecto, y decidir partidas presupuestales.

Se destaca el ejemplo de 3G porque lo que han hecho en 11 años Marcel Telles, Carlos Sicupira y Jorge Paulo Lemann es impresionante. Ya tienen en sus alforjas a la mayor cervecera (AB-InBev, dueña de Grupo Modelo), son dueños de Burger King y las donas Tim Hortons, y ahora se harán cargo, junto con Warren Buffett, de Heinz-Kraft.

El trío basa sus decisiones en el presupuesto cero en versión extrema. Ningún proyecto es aprobado sin un presupuesto desde cero. Ni siquiera toma en cuenta planes de años anteriores. Cada división de negocios debe justificar cada gasto. La misión principal es ahorrar, uno de los vellocinos de oro del mundo empresarial.

El estilo de 3G inclusive ha sorprendido al propio Buffett, un mago de los recortes, quien en una carta a sus inversionistas dijo que los brasileños administran mejor que cualquiera en Berkshire Hathaway.

Algunos consultores de McKinsey afirman que más que concentrarse en ahorros, los encargados de trazar un presupuesto cero deben evitar la “roza, tumba y quema” de programas, y concentrarse en apoyar iniciativas que respondan a la meta.

En el caso del gobierno la meta, han dicho, es evitar lo superfluo y apoyar proyectos de crecimiento.

El presupuesto cero fue creado por Peter Phyrr, ex analista de Texas Instruments, hace 40 años, y fue aplicado por Jimmy Carter cuando era gobernador de Georgia.

Por ahora, el gobierno mexicano no ha dicho si esa técnica presupuestal tiene que pasar por la aprobación del Congreso. En EU el legislador republicano Dennis Ross ha propuesto varias veces la aplicación del presupuesto cero, pero la cámara baja no lo ha aprobado.

Lo que busca Ross es que su gobierno justifique todos los días su existencia, como lo hace el sector privado. El político acusa que los burócratas hacen lo contrario, añadir gasto incremental en detrimento de las finanzas públicas. Pero cómo ha de sonar tan antipática su propuesta, que no se la han pasado, a pesar de que el gobierno de Barack Obama arrastra una deuda de más de 18 billones de dólares… quizá se deba al costo político que implica.

¿En México se aplicará por decreto o se harán largos foros consultivos para ver qué pasa?

barbara.anderson@milenio.com

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