Nada personal, solo negocios

Peñasquito: 30 años más con Goldcorp

Los ejidatarios y las mineras tienen una larga historia de procesos legales, de tiras y aflojes. Que se cierran acuerdos, que luego se desestiman, que se comienzan obras, que luego se bloquean. Y uno de los casos de más larga data es el de la minera canadiense Goldcorp y los ejidatarios de Cerro Gordo, en Zacatecas, propietarios de las tierras donde está Minera Peñasquito. Ayer, finalmente firmaron (empresa y 29 ejidatarios del Ejido Cerro Gordo) un acuerdo definitivo por los derechos a 30 años de 600 hectáreas de Minera Peñasquito.

Y esa no es cualquier mina. Es la mayor mina de oro de América. Goldcorp (la tercera minera, después de Grupo México y Peñoles) comenzó a operarla en 2006, tras un acuerdo con todos los ejidatarios para la construcción y la explotación del predio. Tres años más tarde, los propietarios de unas 600 hectáreas dentro del terreno iniciaron una acción legal en el Tribunal Agrario, al impugnar el acuerdo de ocupación temporal. En 2013, el mismo tribunal determinó que el acuerdo de uso del suelo era nulo y se ordenaba la restitución inmediata de las tierras.

Por la ubicación del terreno iba a ser complicado para los ejidatarios conseguir otro cliente, y si así fuera, lo que no iban a tener era la concesión minera. Este nudo gordiano ameritaba solo negociar… aunque demandara años. Y costara lo que costara. Eso sí, por cuestiones de seguridad, ni la empresa ni la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano quisieron revelar el monto de dinero que se acordó por el contrato.

“Peñasquito trae una serie de importantes beneficios para las comunidades aledañas y México en su conjunto. Es importante que comunidades, empresa y autoridades trabajemos juntos como socios a largo plazo”, me decía al cierre del acuerdo, Michael Harvey, director de asuntos corporativos para Latinoamérica.

Hace un par de meses entrevisté a Tomás Ituarriaga, por entonces vicepresidente de Goldcorp para México, y me comentó precisamente ese tipo de conflictos ejidales como un precedente que deberían considerar las empresas interesadas en explotar gas y petróleo con la apertura energética. “El tenedor de los derechos de uso superficial típicamente son ejidos y la coexistencia con empresas privadas no esta regulada, no tiene el marco jurídico que regula esa relación y cada vez los costos de esta tenencia de la tierra para las mineras ha ido in crescendo”. De seguro no serán pocas las mineras y empresas de energía que revisen de cerca cómo estuvo el acuerdo que le da tres décadas de negocios a Goldcorp.

barbara.anderson@milenio.com

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