Nada personal, solo negocios

La misión ¿imposible? de Pemex

Ser rentable produciendo menos. Esa es la principal conclusión en torno al Plan de Negocios 2016-2021 de Pemex que José Antonio González Anaya presentó ayer.

Y vaya que será una tarea colosal para lo que queda de este sexenio y para lo que le toque al relevo de Enrique Peña Nieto.

De lo que presentó González Anaya rescato dos puntos: 1) la empresa prevé un superávit por 8 mil 400 millones de pesos en 2017 y equilibrio financiero tres años después y 2) la empresa tendrá que conseguir todo eso con menor producción.

Así, lo que Pemex quiere lograr en poco tiempo es ser rentable y para ello deberá combatir con un pasado que la mantiene como una de las petroleras más ineficientes del mundo y una inercia de muchos trimestres a pérdida y con declive en todo, a excepción de pasivos y deuda, que esas sí crecen exponencialmente.

Si bien la empresa reportó hace unos días pérdidas menos marcadas en el tercer trimestre del año, el ingreso también declinó, en casi una cuarta parte contra el mismo periodo de 2015.

Dos aspectos plagaron el trimestre: la depreciación del peso y el alto costo de la enorme deuda, así que la salida a la rentabilidad que pretende el director general, tendrá que arrancar en casa con una mejor productividad en 2017 y esperar que hacia 2020 comiencen a prender sus alianzas con la IP.

Además de combatir su pasado y el deterioro en todo terreno en que ha caído en décadas, Pemex también libra una batalla contra los mercados y las tendencias actuales.

El anterior plan de negocios llegó a nada… se frustró. Mucho se apostó a los efectos de la reforma energética, lo cual demuestra que nada se cumple por decreto.

Sin embargo, entidades globales como la Agencia Energética Internacional, señalan que la única salida para Pemex era la reforma.

Con esto, el potencial de negocio sigue ahí. Según estudios, como el de la consultora Wood Mackenzie, se trata de un volumen de 450 mil millones de dólares en inversiones las próximas dos décadas. El retorno de esas inversiones dependerá en gran medida del precio de los hidrocarburos, pero si se concretan, México tendrá una nueva infraestructura energética con ductos a diestra y siniestra, listos para mover diferentes hidrocarburos, la creación de un mercado de combustibles de fuentes renovables y, lo que será una gran novedad y aliciente para el futuro: un mercado de fusiones y adquisiciones real, el cual marcará el tono del interés y el optimismo por los recursos que, por supuesto, tenemos en abundancia.

barbara.anderson@milenio.com

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