Nada personal, solo negocios

¿Cosecharemos inversiones con una nueva reforma agraria?

Como cada salida a carretera confirma, en muchos puntos del país persisten las pintas en muchas paredes con la muy proselitista frase de “El campo va a cambiar: EPN”. Se trata de una de las promesas de la campaña presidencial 2012 de Enrique Peña Nieto, quien presentó la reforma al agro como uno de los ejes para inyectar nuevos bríos a ese sector de la economía nacional.

Sin embargo, esa reforma fue de las quedaron en el tintero, rezagada ante las que sí se promovieron y aprobaron, como la energética, la fiscal, la laboral, etcétera. “Retrasada, pero no olvidada”, me cuenta un actor que promueve entre las grandes corporaciones mexicanas lo que sería uno de los más ambiciosos planes para reestructurar los agronegocios: “Estamos hablando de una reforma integral del hacer del campo”, remata.

Es un tema delicado. Desde la administración de Carlos Salinas (1988-1994) no ha habido una iniciativa que cambie el statu quo en que ha vivido el campo mexicano por décadas. El lema de “El campo va a cambiar”, que se quiso incluir con las reformas estructurales de la primera parte del sexenio es ahora parte de la agenda que el PRI va a querer empujar, junto con sus aliados del Partido Verde (en caso de que sobreviva a las multas impuestas por la autoridad).

¿Qué busca el gobierno? Ni más ni menos que reforzar el estado de derecho que permita que entes privados tengan garantías jurídicas sobre las tierras que hayan comprado o vayan a comprar, a fin de generar inversiones que rescaten millones de hectáreas, reactiven la productividad y generen empleo.

En el papel, dice mi fuente, se trata de una auténtica reforma agrícola, casi una revolución. Le pregunto si no es polémico el tema, dado el resentimiento que ha quedado entre muchos ejidatarios desde los 90 y exacerbado por la reciente reforma energética, que le dio más derechos a los inversionistas en disputas con los pequeños propietarios.

“Es un ganar-ganar”, me dice. “Con certezas para los ejidatarios y dueños de parcelas, así como para los inversionistas, que pueden ser ellos mismos con créditos de la banca tradicional o la de desarrollo”.

En el fondo del asunto hay un dato relevante: con todo y que se habla de una devastación del campo a resultas del Tratado de Libre Comercio, o de una caída de a producción en general de granos, hortalizas, frutas y demás actividad agrícola, hay muchos sectores hípercompetitivos: aguacate de Michoacán, maíz de Sinaloa, berries de Jalisco… De hecho, el campo es el ingrediente principal del mayor motor industrial del país: la manufactura alimentaria, que representa 21 por ciento de toda la actividad manufacturera del país. Solo falta que la reforma se siembre bien, se riegue bien y se abone bien.

barbara.anderson@milenio.com

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