Nada personal, solo negocios

¿En qué nos parecemos a Ámsterdam y Canadá?

¡En carga impositiva!

El último ranking de competitividad fiscal de la consultora KPMG me soltó la quijada: los Países Bajos y México disputan estrechamente la ventaja por el tercero y cuarto lugares como los países con la menor carga fiscal de su Índice Total Fiscal. El reporte se enfoca en ciudades internacionales con poblaciones superiores a 2 millones de habitantes, y compara la carga fiscal total que asumen las empresas: impuesto sobre la renta, sobre el capital, sobre ventas, predial, comerciales locales diversos y costos laborales legales.

En este set de costos estamos en el top 5 internacional. Monterrey se coloca en la quinta posición y la Ciudad de México en la octava entre las 51 ciudades analizadas.

Los costos fiscales totales en México son 31.5 por ciento menores que en EU. “En años recientes, México ha sido uno de los países beneficiados con la inversión extranjera en diversas industrias. Sin que sea la razón única, dado que una decisión de inversión es multifactorial, es claro que la evaluación del costo fiscal total ha sido un factor determinante para los tomadores de decisión”, explica Agustín Vargas, socio líder de impuestos corporativos de KPMG en México.

Pero aun así, bien puestos en el ranking, lo cierto es que es necesario revisar de nuevo la reforma fiscal. “Si bien en 2014 explicaron que era para atraer inversiones, lo cierto es que fue eminentemente recaudatoria, cuando se analiza se queda corta y solo se va a temas de recaudación”, agrega Miguel Temblador, socio de impuestos corporativos de la consultora. “No necesariamente las empresas deben pagar más impuestos: si se generan más empleos, hay más ingreso repartido y eso se genera una forma de recaudación más clara y directa”.

Y uno de los puntos que me aclaró la charla con Temblador es el tema de la informalidad y los impuestos: “la tendencia global es ir por impuestos indirectos, porque no obstante tengas un ingreso bajo o alto, quien gaste paga impuestos. Hasta la economía informal; si el impuesto se pone sobre lo que se consume, se logra que a través del gasto (como gasolina, comida, medicinas), aunque no estén registrados al momento de consumir pagan impuestos”.

Es un cascabel que ningún funcionario le quiere colocar al gato de turno, pero sin dudas creo que es un tema de debate. Seguimos siendo atractivos para la IED, tenemos beneficios geográficos (algunos asegunes políticos con los vecinos que veremos qué pasa en un mes más), mano de obra calificada y 35 por ciento más baja que en EU, y sofisticación en muchos sectores de alto valor agregado. Así como le darán una revisadita al Tlcan, ¿no vale la pena una revisadita a la reforma fiscal?

barbara.anderson@milenio.com

Twitter: @ba_anderson