Nada personal, solo negocios

Carlos Hank y la sucesión de terciopelo

Cuando tenía 21 años, Carlos Hank González entró a trabajar con su abuelo materno, Roberto González Barrera, al banco de la familia.

Durante 2003 fue director general adjunto de Banorte y entonces se hablaba de una fusión entre Interacciones (de la familia Hank) y Banorte (de los González). El proyecto no llegó a buen puerto y el joven ejecutivo de casi 2 metros de altura se regresó a Interacciones, empresa que había fundado su padre.

En aquellos momentos se decía que el nieto financiero y más cercano a El Maseco era su delfín.

Once años más tarde, ayer anunció su regresó a Banorte como consejero, en reemplazo de su mamá.

Pero no son pocos dentro y fuera del banco mexicano los que creen que ahora sí es la buena para Carlos Hank.

“No habrá cambios en la presidencia este año, porque es una institución seria que tiene que planear una transición ordenada y responsable que le genere valor al grupo”, dice una fuente interna de Banorte.

Pero extraoficialmente se espera que la batuta se pase entre diciembre y enero próximos, cuando Guillermo Ortiz pase la presidencia del banco nacido en Monterrey.

El 23 de octubre será la reunión de Consejo de Banorte y, por ahora, los temas excepcionales son el ingreso de Carlos Hank González. “Allí no se tocará el tema pero sin duda Carlos (Hank González) podría ser uno de los nombres en la terna por la conducción del banco”, agrega.

Sin duda, el nieto más financiero de don Roberto González llega a la mesa del consejo con un buen scoring.

Entre 2003 y 2012, Grupo Financiero Interacciones creció mil 252 por ciento en ingresos financieros, pasando de 587 millones de pesos a 7 mil 349 mdp. En el mismo lapso su utilidad neta creció mil 182 por ciento, los activos se dispararon en 2 mil 9 por ciento y el capital contable aumentó un 700 por ciento.

¿Qué le encomendarán a Hank González? Dos tareas pendientes de Banorte: digerir las operaciones de Ixe (que no termina de cuajar) y la consolidación de las dos afores que compraron recientemente.

Y tal vez también, en unos meses, le toque cumplir aquel vaticinio de su abuelo.

barbara.anderson@milenio.com

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