Nada personal, solo negocios

Alberto Baillères suelta el poder, pero no se va de Grupo Bal

Hace ya 12 años tuve la oportunidad de entrevistar por primera vez a Alberto Baillères para que contara los secretos de —por aquel momento— sus 34 años al frente de todos los negocios del poderoso Grupo Bal. Nunca había dado nota a un medio de negocios (en aquel momento yo editaba la revista Expansión) y prometió no volver a dar otra. De las largas horas de charla, recuerdo perfectamente una parte, en la que hablamos de su sucesión. En aquel momento (con 70 años) era un tema que sin duda teníamos que tocar. Recuerdo que se recargó sobre su ultra ordenado escritorio de madera y me dijo: “¿Usted me ve viejo? Claro que tengo pensada la sucesión, aunque va a depender de las circunstancias en que yo me vaya”.

Algo que me dejó claro en aquella oportunidad era que sus siete hijos heredarían patrimonio, pero no necesariamente el control del grupo. Cada uno de ellos debía competir con los demás directores extrafamiliares de todas las empresas de Bal.

La semana pasada, Alberto Baillères avisó a su circulo rojo que la sucesión ya estaba decidida: su hijo Alejandro se convirtió en el nuevo Vicepresidente Ejecutivo de Grupo Bal. A este puesto (de nueva creación) le reportarán todos los directores del corporativo: los de GNP, El Palacio de Hierro, la afore Profuturo, Crédito Afianzador, la Casa de Bolsa y Sofom Valmex, los ranchos ganaderos de Begoña, Médica Móvil, las mineras Peñoles y Fresnillo, la nueva petrolera Petrobal y también el ITAM.

Eso sí, Alberto Baillères no abandonará la empresa y hasta está planeando su nueva oficina en la renovada pirámide de El Palacio de los Palacios en Polanco, donde se mudarán a fines de este año.

A sus 80 años continuará como presidente de Grupo Bal, pero solo recibirá reportes de una sola persona: su hijo.

De toda la descendencia de don Alberto, Alejandro fue el único que ha pasado por varias empresas del grupo. Después de estudiar en la Culver Military Academy, empezó como tesorero en Peñoles. Luego fue CEO GNP por muchos años, hasta que le pasó la estafeta a Mario Vela.

“Cambiará mucho el management del grupo, el estilo es tan distinto. Su hijo es altanero e impone sus ideas con gritos para intimidar y no le gusta nada que le digan que está equivocado”, refería un ex empleado de la compañía de seguros.

“La supervivencia de la empresa exige una fría objetividad para decidir en caso de una sucesión, que no siempre resulta fácil, agradable o comprensible”, me dijo Alberto Baillères hace 12 años desde su oficina con pisos de lapislázuli.

Y ese momento al final llegó.

 

barbara.anderson@milenio.com

Twitter: @ba_anderson