Articulista invitada

"Bullying": juventud mexicana en peligro

En épocas recientes, el acoso escolar o “bullying” ha cobrado relevancia en los principales medios de comunicación debido al lamentable incidente ocurrido en un colegio en Monterrey, Nuevo León; donde un joven ingresó al plantel con un arma de fuego y atentó con ella en contra de su maestra y compañeros para después quitarse la vida. Respecto a los motivos de lo ocurrido, se cree que vino a partir de la falta de aceptación que el adolescente sufría en la escuela.

La Organización de las Naciones Unidas, define el bullying como “todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin una motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes en contra de otro u otros”, cuestión que puede acarrear diversos padecimientos como lo son: baja autoestima, trastornos emocionales, problemas psicosomáticos, depresión, ansiedad, pensamientos suicidas y falta de interés por la escuela.

Según estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México ocupa el primer lugar en casos de bullying en educación básica,en tanto que instituciones como el Instituto Politécnico Nacional (IPN), señalan que alrededor de 18.8 millones de alumnos de primaria y secundaria han sufrido violencia. Lo anterior, resulta ser un problema gravísimo que requiere de atención urgente, particularmente, en las ocho entidades que concentran el 60% de suicidios por acoso escolar, comprendida por los estados de: Chihuahua, Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Nuevo León, y Tabasco.

En ese sentido, el ejecutivo federal ha implementado y reforzado diversas políticas públicas como la de “Mochila Segura”, la cual pretende evitar que los menores ingresen a los planteles escolares portando cualquier tipo de arma o estupefaciente, con la intención de salvaguardar la salud e integridad de los jóvenes; no obstante, es responsabilidad de las instituciones educativas el reforzar y hacer respetar sus reglamentos internos.

Sin embargo, el problema fundamental no se resuelve evitando el ingreso de estudiantes con armas a las escuelas, sino que la responsabilidad comienza en casa, es imperante que se revalúe el sistema de valores familiares y se invierta el tiempo necesario para fomentar una convivencia benéfica con nuestros hijos. De igual forma, resulta necesario guiar a nuestros hijos en lo que respecta a su consumo de medios informativos y de esparcimiento, para así incentivar la correcta toma de decisiones y evitar situaciones de riesgo como el acoso, pederastia o “sexting”, que de un momento a otro, pueden cambiar por completo su vida.

En cuanto al papel que juegan las instituciones educativas, es necesario llevar a cabo actividades de integración que fomenten la sana convivencia y aceptación entre todos los alumnos, en donde se  acepte la diversidad y se evite la exclusión, la cual puede provocar que niños y jóvenes busquen “aprobación” en círculos poco benéficos.

De igual forma, es importante identificar tanto a niños propensos a ejercer el bullying, como a quienes han sido víctimas de este, para canalizarlos apropiadamente con especialistas  que les encaminen hacia una vida plena. Asimismo, es importante promover prácticas inclusivas que propugnen por una integración en conjunto de quienes laboran y estudian en los planteles educativos.

Por último, se deben documentar los casos de acoso escolar que se presenten en las escuelas, preservar las pruebas en caso de tenerlas y, en caso extremo, dar parte a las autoridades para evitar incurrir en el encubrimiento de estas conductas.

Para los padres de familia, la Fundación en Movimiento recomienda en su “Guía 3, 6, 9, 12” para la prevención de estos comportamientos, que antes de los 3 años los niños no deben tener acceso a dispositivos electrónicos propios; antes de los 6, ningún acceso a videojuegos; evitar acceso a internet antes de los 9 y finalmente, no acceso a redes sociales ni celular propio antes de cumplir los 12 años.