Voces Ibero

Un imperio en el corazón del Amazonas

“Fitzcarraldo”, obra maestra de Werner Herzog, se desarrolla en la época del auge del caucho, durante las últimas décadas del siglo diecinueve y la primera del veinte, cuando se amasaron fortunas que construyeron palacios y edificios -como el teatro de la ópera de Manaos- y atrajeron a una gran cantidad de aventureros que seguían las huellas de sus antepasados, los expedicionarios que buscaban El Dorado en la selva del Amazonas. Las leyendas cuentan que los nuevos ricos daban de beber champaña a sus caballos y compraban títulos nobiliarios en Europa con la intención de borrar sus orígenes pero estos sueños de grandeza –igual que la fiebre del caucho- se esfumarían rápidamente. La historia de Carlos Fermín Fiztcarrald, cauchero peruano que inspiró “Fitzcarraldo” y descubridor del istmo que lleva su nombre, se cruzó con la del llamado rey del caucho, Julio César Arana, un humilde vendedor de sombreros de paja convertido en presidente de la Peruvian Amazon Company, empresa que dirigía desde Londres. Los socios ingleses de Arana, que cenaban en su mansión de Kensington Road y sesionaban en elegantes salas de consejo, se horrorizaron al leer los relatos publicados por la prensa sobre las crueldades a las que sometían a los indígenas del Alto Amazonas. El codiciado caucho con el que se producían neumáticos, impermeables y botas, era extraído por hombres, mujeres y niños que vivían en condiciones de esclavitud, obligados a entregarlas cuotas exigidas bajo la amenaza de recibir azotes, terminar mutilados o muertos a manos de los capataces de Arana. Ante el escándalo desatado por la prensa, fue enviada una expedición dirigida por Roger Casement, que ya había denunciado los abusos cometidos en el Congo por Leopoldo II. Aunque Arana y sus empleados trataron de ocultar la devastación provocada por su voracidad y silenciar de diferentes maneras a sus acusadores, la crisis que había estallado ya no pudo contenerse y el imperio creado sobre el genocidio, la Peruvian Amazon Company, desapareció al poco tiempo.Como ocurre en estos casos, los involucrados se enfrascaron en una guerra de acusaciones. Los directores ingleses pretextaron no estar enterados de lo que sucedía en “tierras tan lejanas e inaccesibles” y fueron absueltos de cualquier culpa. Después del escándalo, Arana vivió todavía muchos años en el olvido y la pobreza, convencido de haber contribuido al desarrollo de su pueblo. 


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