Voces Ibero

La creación de un alter ego

Por distintas circunstancias, algunos seres humanos se ven en la necesidad de recurrir a una personalidad alterna, adoptan una identidad que les permita escapar del peligro, pasar desapercibidos, comenzar una nueva vida. Ése fue el caso de Robert Capa –cuyo verdadero nombre era EndreFriedmann- quien llegaría a convertirse en la quinta esencia del fotoperiodista por su labor en conflictos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.
Judío húngaro, Capa llegó a París cuando contaba 20 años, huyendo de la amenaza que ya se cernía sobre Europa en la década de los treinta. Había vivido previamente en Berlín, donde fue obligado a dejar sus estudios de periodismo debido a las opresivas políticas el régimen nazi. En París comenzó a tomar fotografías comerciales para ganarse la vida, empleando como modelos a jóvenes con las que ocasionalmente tenía algún affaire. Fue en ese tiempo cuando conoció a Gerta Pohorylle, judía alemana que como él había renunciado a su hogar y a su nacionalidad para buscar refugio en un nuevo país. En poco tiempo Gerta se apasionó por la fotografía y por el joven húngaro, además cambió su nombre a GerdaTaro para ocultar su origen judío, acto que le haría sentir culpabilidad por considerarlo un rechazo a sus raíces.
Al darse cuenta de que los fotoperiodistas norteamericanos eran mejor pagados, la pareja decidió crear al misterioso personaje de Robert Capa y atribuirle el trabajo que ambos realizaban. Algunas imágenes de la Guerra Civil Española que se firmaron bajo el nombre de Capa, son en realidad obra de Taro, quien moriría en un accidente después de cubrir la batalla de Brunete, población cercana a Madrid.
Además de las imágenes publicadas en su tiempo que denunciaban los horrores de la guerra española, Taro y Capa –junto con su amigo David “Chim” Seymour- dejaron sin saberlo un legado en la llamada “maleta mexicana”, el paquete de más de cuatro mil negativos encontrados en 2007 en la Ciudad de México. La maleta bien podría ser un símbolo del espíritu inquieto y estoico de la pareja que colocó ahí los negativos confiando en que estarían resguardados de la amenaza fascista; podría también ser símbolo de un espíritu que –como considera Susana Fortes en su novela sobre Taro y Capa- aún en las peores circunstancias “…nunca perdió la esperanza ni el valor para comenzar de nuevo”.


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