Barrio de pasiones

El libro, su elogio

A continuación una versión adaptada de la presentación que preparé para el Nuevo Elogio del libro de Jorge Esquinca, volumen que editamos para celebrar el Día Mundial del Libro en 2014 y que fue distribuido gratuitamente a través de las librerías de Guadalajara. Para continuar con aquella celebración, quince días después —o sea, el jueves 15 a las ocho de la noche— presentamos el tomo en la librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica, el propio Jorge Esquinca, José Israel Carranza y quien pronuncia estas palabras.

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Hace algunos años —nueve o diez— me encontraba en una cena de esas en que la mesa es más larga que la esperanza de un pobre. Veníamos del Cabañas, donde compartí micrófono con el pintor Arnaldo Cohen y el arqueólogo Eduardo Matos. Cuando ya nos despedíamos, una guapa muchacha que se encontraba en el otro extremo de la mesa, me dijo más o menos: «Quiero darte las gracias, pues tú me regalaste el más hermoso libro que he leído». Me quedé de a seis, estaba seguro de que no la conocía y mucho menos recordaba haberle regalado ningún libro. Ante mi sorpresa, añadió: «se llama Elogio del libro y me lo regalaron de parte tuya en una librería».

   «¡Ah! No mujer, por favor, muchas gracias a ti: por leerlo, por conservarlo, por tenerlo en tan alta consideración y principalmente por decírmelo aquí y hoy», algo parecido, pero con toda seguridad mucho menos articulada, fue mi atolondrada respuesta. Vamos, ni siquiera tuve la cortesía de preguntarle su nombre. Después —generalmente así me sucede: la reacción siempre llega tarde—, ya de camino a casa, en mis cavilaciones le concedí toda la razón: también conservaba muy buenos recuerdos del libro de Jorge Esquinca, incluyendo todo lo que había disfrutado al hacerlo, que no es poca cosa para mí.

   En 2001, Elogio del libro fue el volumen con el que iniciamos la costumbre de celebrar el Día Mundial del Libro obsequiando, a través de las librerías de Guadalajara, un tomo editado especialmente para celebrar la ocasión. De apenas 64 páginas, aquel volumen se componía de doce textos —verdaderas piezas de orfeberia literaria— que abordaban, desde diversos ángulos, algunas de las maravillas que nos ofrece ese objeto perfecto (Borges, dixit) que es el libro. A la distancia, aún tengo la certeza de que fue todo un acierto comenzar con él la colección que en la actualidad ya alcanza los trece títulos.

   Tal vez como un remanente de aquél diálogo en el restaurante, hace un par de años me asaltó la idea de publicar una segunda edición del Elogio del libro, quizá con algún texto extra, imaginé. Pero —como me sucede con alarmante frecuencia siempre que se trata de algo importante— por diversas razones el proyecto fue posponiéndose, hasta una mañana en que amanecí voluntarioso y llamé por teléfono a Jorge para comentarle la idea. Con la generosidad que lo caracteriza, entusiasmado, de inmediato se sumó y me comunicó que no sólo había trabajado sobre los doce textos originales sino que, además, había añadido ocho nuevos.

   Así, Nuevo Elogio del libro es una renovada versión de aquel título iniciático, que ahora nos ofrece veinte textos cuyo tema central es el libro y la lectura, con la impecable prosa a la que Jorge nos tiene acostumbrados. Se trata, en sentido estricto, de un libro nuevo, con una visión renovada, aunque con sus raíces profundamente hundidas en aquella versión de 2001. La verdad es que no puedo imaginar una mejor forma de celebrar este año el Día Mundial del Libro y también la continuidad de nuestro proyecto: el título inicial se conecta con el número 13 de la colección. Y, claro, me gusta fantasear que tal vez en unos años, de nuevo una bella dama se muestre agradecida por su existencia.