Barrio de pasiones

El catorce

Durante los primeros años del siglo XX uno de los periódicos de mayor circulación en la ciudad era La Gaceta de Guadalajara, que en su edición del 9 de febrero de 1914, publicó una breve nota que en lo sustancial decía: «… los jóvenes y talentosos pintores Zuno, Stahl y Guerrero, inauguraron un estudio con salón de exposiciones…» Si bien el artículo no profundiza —no consigna la ubicación del lugar, por ejemplo—, si concatenamos la noticia con datos tomados de otras fuentes, se puede inferir que es la primera y única referencia documental del acto de fundación de lo que después sería conocido como Centro Bohemio.

Ante la ausencia de instituciones culturales tal y como las conocemos ahora, en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, era costumbre que artistas e intelectuales se agremiaran en sociedades, donde encontraban respaldo solidario para realizar sus actividades y aseguraban un ambiente propicio para la discusión de ideas y la difusión de su trabajo. El Centro Bohemio aportó un matiz distinto, pues nunca tuvo la pretensión de la formalidad y ofreció libertad a sus «miembros», que iban y venían a su antojo. De hecho, ni siquiera el nombre se lo impusieron ellos, sino que fueron sus vecinos quienes los calificaron de ese modo.

Se trataba entonces de unos amigos que por afinidad alquilaron una finca para reunirse a trabajar, discutir y mostrar sus trabajos, a cuya tertulia se fueron sumando otros aspirantes a pintores y, más aún, escritores, músicos y todo tipo de personajes, hasta llegar a aglutinar a los más destacados exponentes de la nueva generación de artistas e intelectuales. Por lo menos hasta finales de la década, los «bohemios» fueron el epicentro de la actividad cultural tapatía, en sus diferentes domicilios: primero en la calle Tolsá, después en el chalet de la colonia Seattle y, a partir de 1918, en el actual Museo Regional de Guadalajara.

El Centro Bohemio fue un espacio propicio para la creación, reflexión y el libre intercambio de ideas, como no había otro en un país sumido en una devastadora guerra civil. Su actividad y ambiente propiciaron que sus jóvenes integrantes fijaran sus respectivas vocaciones, unos por la pintura y los otros por la política, las letras o el magisterio. De ahí saldrían por diversos caminos a realizar una obra de la mayor trascendencia. También de ahí surgió el impulso que culminaría con la fundación de por lo menos dos instituciones públicas de primera importancia para el occidente del país: el Museo Regional y la Universidad de Guadalajara.

En el Centro Bohemio se fijaron las vocaciones de tres pintores que hicieron significativas aportaciones a la plástica nacional: Xavier Guerrero, David Alfaro Siqueiros y Carlos Orozco Romero. Por su indudable talento, a ellos debemos sumar a Amado de la Cueva, que murió prematuramente en 1925, y a José Luis Figueroa, que siguió otros caminos. Fueron bohemios también Carlos Stahl —figura importante en el primer cine nacional—, Juan Ixca Farías y Juan Antonio Córdova, entre otros. Y no podemos olvidar a su fundador y sin duda la más prominente figura de la política estatal en la siguiente década: José Guadalupe Zuno.

Si viviéramos en una ciudad civilizada, una efeméride tan importante como el centenario de la fundación del Centro Bohemio, hubiera sido motivo para organizar una gran exposición donde se revisara su significado y sus aportaciones a la plástica nacional. La realidad es otra, ya que ninguno de los directores y curadores de sus museos (por sus vocaciones, el Regional, el Cabañas o el de las Artes), y tampoco la titular de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Cultura, ya no digamos que les pasó por la cabeza organizar algo, sino que, peor aún, con seguridad ni siquiera están enterados de la fecha o de la existencia misma del Centro Bohemio.

Y es que seguro tienen cosas más importantes qué hacer.