Barrio de pasiones

Cincuenta millones

Hace unos días desayuné con una noticia de esas que llaman a explorar sus múltiples lecturas. Resulta que el Congreso del Estado aprobó sin chistar el presupuesto de egresos del gobierno de Jalisco para 2014. Lo de «sin chistar», resultó ser una figura retórica, pues también trascendió el intercambio de favores entre el ejecutivo y los diputados que suponíamos de oposición: se los maicearon. A cada uno se les ofreció una inversión de diez millones de pesos en obra para sus distritos, con la modalidad de que ellos escogerán la constructora que se hará cargo del proyecto, lo que representa un atraco de mínimo el 10 por ciento: el llamado «diezmo».

A reserva de que una vez que se publique el presupuesto podríamos analizarlo y con mayor conocimiento de causa comentarlo, lo que vamos a abordar hoy es alguna información referente al presupuesto en el sector cultura que ha comenzado a circular en los medios. Veamos: el Instituto Cultural Cabañas solicitó un presupuesto de cincuenta millones de pesos para realizar una «restauración integral». Les autorizaron apenas dos y medio millones. Curiosamente y en contraste, dos proyectos privados —el museo Sacaremos ese Buey de la Barranca y el elefante blanco de Santa Margarita— recibirán, ellos sí, cincuenta millones del erario.

Más allá del descomunal absurdo que representa que una parte del presupuesto estatal se destine a proyectos privados, cuyos posibles beneficios a la sociedad no están claros, y aún por encima de las necesidades más elementales de las instituciones públicas, que por serlo tendrían que recibir un presupuesto acorde a sus necesidades, hay otros vectores de la noticia que nos gustaría abordar. Por ejemplo, el hecho de que hace apenas unos meses se nombró al frente del Cabañas a una persona sin las calificaciones mínimas, con el argumento de que se trataba de una talentosa gestora de recursos. La realidad los alcanzó. Y muy rápido.

Es obvio que la directora del Cabañas no lució mucho expertisse, pues fue incapaz de conseguir la cantidad que ella misma se había propuesto: con muchos trabajos logró un cinco por ciento, de manera que ¿dónde quedó su tan prometida habilidad? Además, los cincuenta millones nos obligan a preguntas tales como ¿porqué cincuenta? ¿porqué no cuarenta y uno? ¿o cien? Hablar de una «restauración integral» cuyo costo es tan específico, tiene implicaciones, como la existencia de un diagnóstico y —por supuesto— de un proyecto detallado a partir del cual se establece el cálculo presupuestal. ¿Existirán? Y si es así, ¿quién los hizo?

Y es que, para complicar un poco más las cosas, es importante considerar aquí el hecho de que el Hospicio Cabañas es un inmueble patrimonial protegido por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas etcétera, por lo que no puede ni debe ser sometido a una «restauración integral» así nada más, por ocurrencia de su directora. Por otra parte, llama mucho la atención que la misma cantidad que le negaron al Cabañas —edificio patrimonio público, responsabilidad directa del gobierno del estado—, en cambio se autorizara para dos proyectos privados: el museo Sacaremos ese Buey de la Barranca y el elefante blanco de Santa Margarita.

Treinta millones para el proyecto que desoló el Parque Mirador, en el extremo norte de la Calzada Independencia, resulta un paliativo, pues lo único que han hecho hasta ahora es arrasar con los árboles del lugar. Veinte millones para el elefante blanco de Santa Margarita, es añadir recursos públicos para que su promotor siga autoconsiderándose el Lorenzo el Magnífico del camp. Ambos son proyectos que carecen de sustento conceptual y por lo mismo es muy dudoso que vayan a traer beneficios a la sociedad. Ello sin contar que usar el dinero de los contribuyentes para subsidiar los gustos de los más privilegiados es perverso por definición.

Qué le vamos a hacer: nuestros políticos son perversos por definición.