Casta Diva

La simpleza del golpe

El arte entro en un proceso de simplificación tal que perdió toda la posibilidad de llamar la atención, se mimetizó con los aspectos más elementales de la realidad. Todos tenían sensibilidad suficiente para ser artistas y para que esta premisa funcionara el arte se tenía que llevar a rangos carentes de inteligencia. Crear un objeto con tal maestría que este pudiera ser reconocido y llamado arte no debería de ser privilegio para una minoría, ahora es una búsqueda cargada de demagogia, que está al alcance de todos. El arte, el talento, la inteligencia, la experimentación creativa, la evolución de las artes se volvieron sospechosas: se han expulsado de las salas del museo cualquier cosa que implique que el creador es una persona dedicada a realizar su obra con una factura compleja y cuidada. El readymade y el arte VIP video, instalación, performance, se concentran en objetos que o son evidentemente faltos de complejidad, o son mandados hacer en serie en una factoría, o ni siquiera existen. El primer objetivo de todos los totalitarismos es hacer limpieza de pensamiento disidente y acaban con el arte, es lo que ahora sucede, estamos viviendo un totalitarismo que destruye sistemáticamente al arte. Crear se ha convertido en un tabú, está desprestigiado, al punto que los artistas alardean de que mandan hacer sus obras, que ellos no tocan los materiales, que la factura es cosa de artesanos no de intelectuales o artistas. El desprecio hacia la formación artística provoca que los egresados de las escuelas no sepan dibujar, pero tienen claro que su obra está respaldada por un discurso la presentan como arte. Esto la falta de creación ha uniformado a todas las obras, la adicción a materiales y elementos que por sí mismos son arte las someten a ser casi idénticas: luz neón, basura, etc. ¿Cómo alteraran esta uniformidad? Crean un impacto artificial alrededor del arte. La obra se plantea entre el chistorete y la agresión. Un chiste es tan llamativo como un insulto. Los artistas se dividen entre la ironía y la protesta que muchas veces enaltece elementos racistas, o violentos: golpearse; o hasta criminales, como matar animales. Buscar la risotada o la indignación para que el espectador no analice si la obra cuenta con un elemental nivel de estética, de pensamiento o factura. Con una exposición de insultos racistas o chistes visuales como letreros con alguna palabra cambiada o cosas simpáticas como latas de comida para gato sobre unas sandias, el curador toma la elementalidad del discurso, la débil línea de lo que se supone que dice o demuestra y con eso lo obra se presenta como arte. Es lo que sucede con los programas cómicos de la televisión, son obscenos en su infra inteligencia pero arrancar la risa justifica la estupidez. Ese es el papel de la ironía en el arte contemporáneo, una risa que oculta la cortedad de pensamiento y la falta de talento. Si por lo menos se rieran de ellos mismos, pero lo peor es que hasta estas obras exigen solemnidad y el estatus de arte.