Casta Diva

El retrato del poder

El poder y los disfraces son una pareja inseparable. Felipe Calderón inició su sexenio disfrazado de militar y hasta hoy no se quiere quitar el de presidente. Lo vimos con tal número de caracterizaciones que su gobierno parecía un costume parade. Actualmente hemos visto a Peña Nieto caracterizado desde folclórico, actor de telenovela y con traje de soy-gente-como-ustedes. Es parte del histrionismo del populismo la capacidad camaleónica de mimetizarse con el “pueblo”. Si van a un rancho ordeñan la vaca, si van una fábrica de pasteles se ponen gorro de cocinero y mezclan la masa, sin tener idea de qué están haciendo. Este gran esfuerzo por agradar es un mensaje de falsa condescendencia y solidaridad que enfatiza la distancia entre gobernante y gobernados. La capacidad transformativa llega al extremo en la serie de pinturas que un supuesto fanático de Vladimir Putín mandó hacer como un homenaje para revalorízalo porque occidente critica todo el tiempo a su líder. En estas obras de ínfima calidad podemos ver a Putin peleando con un terrorista, cargando el mundo como Atlas etc. Un compendio de hazañas de súper héroe. No es novedad ver a Putin fotografiado en diferentes actividades de alto riesgo que únicamente puede desempañar alguien entrenado: de piloto, en una pelea de judo, montando a caballo con el torso desnudo, practicando tiro con un rifle, etc. Se exhibe así porque sabe que la mayoría de los jefes de estado no tienen condición física, cargan con unas barrigas penosas y aunque se disfracen no pueden salir medios desnudos como él, la gran excepción es Obama y sus fotos nadando en Hawaii. Pero es obvio que dentro de este intenso trabajo de imagen política de comic book, Putín le dice al mundo que él es un Superman ruso invencible. La exagerada campaña de imagen de Putín se puede venir abajo con los cuadros con los que su fan le declara su admiración, son tan grotescos, que convierten al estadista en una caricatura de sí mismo. En esta serie de pinturas podemos ver como en el arte el tema está determinado por la factura. Las pinturas son elementales en su concepción y deficientes en su mediocre realización, Putín casi podría verse difamado con la obra. Esta diferencia la podemos ver en obras como Napoleón cruzando los Alpes de David, es el mejor ejemplo de una obra que convierte al modelo en un héroe y lo mitifica, exacerbando sus características, lo hace más atractivo, el caballo en una posición casi acrobática sube la montaña, el emperador señala la dirección que debe seguir su ejército, y el viento le agita el cabello y levanta su capa. Esta pintura retiene la grandeza de Napoleón. Es el caso de los cientos de retratos de reyes con sus ejércitos o posando con armas e insignias. Por eso los reyes cuidaban al máximo la realización de sus retratos, sabían que ahí estaría su inmortalización o su condena. Putín ahora sabe que si él es un hombre poderoso, en cambio el arte tiene el poder de engrandecerlo o desprestigiarlo.