Casta Diva

Sonríe, son 20 millones

En esta versión de Art Basel Miami 2013 es más interesante ver a la gente que a las obras. Es la pasarela para desfilar y ligar algún millonario, si los engañan los galeristas, qué se puede esperar de este personal con el botox y las prótesis en su sitio. Los padres influidos por la pedagogía traen a sus hijos hiperactivos en carritos que parecen instalaciones de arte povera, estorbando y peleándose por el espacio con la artritis de los aristócratas del dinero que caminan con andaderas con ayuda de sus guardaespaldas. El próximo año deberían hacer los pasillos más anchos y las galerías más chicas, las obras disminuyen de tamaño y el público crece. Los zapatos de drag queen y el champaña hacen más lento el tráfico. El público viene aquí como a un freak show, se fotografían con la bicicleta cargada de ladrillos de Héctor Zamora  BrasilB que vendieron en 18 mil dólares. La galería Tang de Beijing exponía de Wang Yuyang la recreación completa de una oficina en la que todos los objetos, cajas, teléfonos, muebles, estaban hechos de hule y aparentaban que respiraban, un catálogo de efectos especiales que podrán estar en una película serie b para la televisión y que funcionan como arte porque aquí vienen a comprar no ha disentir o por lo menos a usar el criterio. Kusama no evoluciona y sigue con sus flores gigantes de colores y diseño infantiloide en 850 mil dólares. Las mariposas y los insectos de Hirst ahora presos en un espejo, en 3 millones de libras, creo que varios compradores padecen entomofobia porque no se vendió. Raqib Shaw con una pintura circular de orgiástica composición, con la influencia fantástica de la India, 1 millón 500 mil dólares. Anish Kapur es un valor seguro para recuperar la inversión de poner un stand, tenía en varias galerías sus famosas piezas de acero cóncavas, cada una en 1 millón 30 mil dólares. Jeff Koons ha tenido éxito vendiendo cara la vulgaridad y convirtiendo el mal gusto en símbolo de estatus, un elefante de metal de colores en 20 millones de dólares. La gente se fotografiaba junto a él y sonreían con el brillo de su precio. Las impresiones digitales y panfletarias de Barbara Kruger, parece que las compran porque las consignas les dan atmósfera de compromiso y dejan de ser un simple plagio impreso, las grandes en 3 millones 500 mil dólares. Entre las obras de bajo costo con grandes posibilidades de ser reciclada cuando esta burbuja se rompa, estaba la obra de Martin Creed, una pirámide de rollos de papel de baño y una serie de dibujos que demuestran su nulo talento, en 90 mil euros. Si consideramos que esta pieza apareció en casi todos los medios, está más que justificado el sacrificio de la galerista de ir al Wal-Mart a comprar los rollos de papel y montar la “escultura”. Es evidente el lugar de confort en el que se encuentran estos “artistas” gracias a la protección servil de la abúlica crítica que se jacta de su falsa erudición y que es lo único barato en esta feria, tanto, que con una propina se conforman.