Casta Diva

Sexo y dinero

El cine comercial y la publicidad se ponen de acuerdo en su visión y promoción del sexo: el placer es para ricos. Los índices de ventas de la serie 50 shades of Grey, la expectativa ante la película y la avalancha de productos de marketing, confirman que no es lo mismo un orgasmo en un departamento de interés social que en un palacio, que viajar en helicóptero detona la pasión y hace guapo a cualquiera. Ver el tráiler en el cine es suficiente porque se desarrolla igual que el anuncio de un coche de lujo o de una marca de licor, o de cualquier objeto que sea capaz de demostrar un estatus social elevado. Es tan descarada la relación poder, dinero y sexo que la enorme fracción de la sociedad que está seducida por esta serie debe vivir en un nivel de frustración patológico.  Se supone que las telenovelas son para que la gente “sueñe”, por lo menos así están diseñadas, por eso la heroína se casa con el rico y guapo, todos tienen implantes y cirugías estéticas, porque en un mundo ideal, mágico o perfecto los cuerpos, las casas y los diálogos serían como en una telenovela. 50 shades of Grey cumple la misma función, es una telenovela aspiracional, sus publicistas dicen que es un cuento de hadas para adultos y eso mismo dicen las televisoras de sus telenovelas. El contenido sexual está tan regulado y filmado como una campaña de perfumes y cumple con todos los estereotipos de la falsa imagen que durante décadas han creado para detonar el consumo “quiero ser así, ergo compro eso”.  El sexo es consecuencia de la chequera de los que lo practican, sin dinero no hay manera de que alguien pueda comportarse como un semental, y es una ley que el gozo de una mujer es directamente proporcional al poder adquisitivo del tipo con quien está. Como nada de esto existe, como no hay manera de que suceda entre la enorme masa que pagó su boleto del cine y que dedicó horas a leer estos libros no me puedo imaginar qué hacen para vivir con su propia vida. Si alguien necesita soñar en esto es porque en su interior desea que por lo menos un fragmento de esa historia se materialice en su propio ser. Esa parte es el dinero, en el fondo todos sueñan con ser ricos y lanzar ese orgásmico aullido que da el dinero, porque la realidad es que el sexo es gratis. Para alcanzar el placer no se necesita ni ser rico, ni guapo, ni poderoso, se necesita disposición para gozar y eso no cuesta. La fantasía de sentirse deseado comienza con desear. Este tipo de historias lo que hacen es enaltecer un estilo de vida que condiciona el placer a la capacidad de consumo, los personajes de este tipo tienen más orgasmos cuando compran un avión que cuando amarran a su pareja, la excitación está en ver su estado de cuenta del banco.  La publicidad y el cine comercial que devoran millones de personas han decidido que el dinero no sólo es un bien económico, es la única forma de lograr la plenitud sexual. Así que ya saben, si no alcanzan un orgasmo endeudándose con un coche de lujo demanden a la marca por fraude.