Casta Diva

Regresar a los mitos

El pensamiento sacro y ritual se marginó a ignorancia primitiva con el impacto de la Ilustración, más tarde influyó el progreso industrial, la economía de mercado y una errónea interpretación del alcance de la ciencia. Las religiones monoteístas se apropiaron de la jurisdicción sobre lo sacro y lo ritual creando un abismo en el pensamiento humanista, la persona que no quiere suscribirse a una religión pareciera que no tiene acceso a la noción mística y sagrada de la existencia y a los rituales que nos rescatan de la deshumanización del progreso. El resultado es que tenemos una sociedad ignorante, que no respeta su condición humana ni su entorno natural porque el progreso se apoderó del pensamiento y desechó la sacralidad de la vida para depredar su riqueza. Paradójicamente dos corrientes opuestas coincidieron en sus postulados, la pretensión de que el ser humano tiene derecho sobre entorno, la naturaleza, la fauna, y el Universo es una idea científica y religiosa. La ciencia se convierte en tecnología y son los símbolos del progreso. Destruir un bosque y un río se justifica como un paso adelante para la sociedad porque construirán una presa o una carretera, es una prerrogativa humana, tenemos las herramientas tecnológicas, el dinero y el poder, el bosque no importa, ni sus habitantes vegetales y animales. Las religiones monoteístas son egocentristas, antropocentristas y falocráticas, entonces los animales, tierras, flora, están ahí para que el hombre los deprede, porque su dios los ama, les entregó eso para sobrevivir y poblar el planeta. Desde esta visión la destrucción de un bosque es un derecho divino. Qué pasaría si una filosofía que sacraliza el bosque nos dice que no podemos tocarlo, que está vivo, nosotros no tenemos la capacidad de crearlo, estamos destruyendo eones de evolución, el daño será irreparable, atenta contra nuestra propia especie y debemos respetar el derecho sagrado de la vida vegetal y animal para vivir y reproducirse. Nos dicen que estamos obstaculizando el progreso. Regresando al amor y admiración del entorno como una entidad sacra, a la que le debemos la vida porque nos da hogar, alimento y belleza podríamos reparar parte del daño que hemos generado. La ecología, como ciencia y pancarta, reduce este valor a algo estadístico y tiene una agenda política, no están creando una concientización filosófica y ética. La carrera que ofrece la UNAM carece de clases de historia y de filosofía, hay un módulo de ética, sus egresado desconocen por qué en las culturas mesoamericanas el maíz es un dios, y en todas las culturas previas al monoteísmo y a las filosofías occidentales el Sol, el Agua, el Aire eran deidades, que si aún lo fueran no las estaríamos destruyendo. Es un hecho que la naturaleza nos da vida, la enajenación monoteísta nos despojó de eso y el progreso cree que el fin valida los medios, si vamos a avanzar paguemos el precio. Lo estamos pagando, muy caro y no hay religión ni progreso que lo valga.