Casta Diva

Miedo

Eso que está fuera de nuestro control. Algo que no conocemos, que se anuncia con más fuerza, algo que no vamos a vencer. El miedo crece con nuestra propia imaginación, le otorgamos el poder que tiene, le damos forma, lo construimos.

El peligro real que emana de la violencia social es independiente de nuestra psique, pero hay otro que es resultado de nuestro propio ser, que le damos existencia.

El fenómeno de la tentación es esa experiencia que no debemos vivir por transgresora o contaminante del espíritu, que nos va a arrojar a un estado que degrada el estado actual.

Hay algo a lo que aparentemente deberíamos acceder por seductor, ese ente nos trata de persuadir con su presencia para que nos involucremos, cedamos a él. Nos orilla a caer en la concupiscencia, en la conducta patológica que traerá dependencia al vicio. La representación de la tentación en la pintura religiosa llega a su clímax en las diferentes versiones de las Tentaciones de San Antonio. El anciano profeta es visitado por lo demonios que tratan de retirarlo de su fe y llevarlo a los placeres del mundo. Si el miedo es producto de nuestra psique a quien debería temer Antonio no es a los demonios sino a sí mismo. Lo que lo seduce y que perturba la paz de Antonio está dentro de él, no fuera, y se irá cuando él lo expulse de su ser. En la desbordada y violenta pintura de Matthias Grünewald, óleo y temple sobre madera, 1512, las tentaciones han revelado la consecuencia de su dominio, son demonios terribles. Grünewald se deja llevar por la tentación de la imaginación, ese demonio que posee a los artistas, y pinta seres con cuerpos de águila y brazos de bruja que azotan al santo con varas de madera; otro con cuernos y colmillos le arranca el cabello; una masa de voraces monstruos que gimen, aúllan y los despedazan dentro de una cueva oscura en la que pelean otros contrahechos enloquecidos. Al lado de Antonio un enfermo de Ergotismo, un mal que data del año 1095 causado por el centeno contaminado de hongos. Esta enfermedad también se llamó "Fuego de San Antonio", y se manifiesta como una gangrena. El más terrible de los miedos es a las enfermedades. En este retablo la lección de dejarse llevar por la tentación da una explicación al trágico azar de la enfermedad: es consecuencia y castigo por una acción que sólo sabe el que la padece.

Antonio se defiende y con una mano apuñala a un dragón que le muerde la mano con su pico rapaz. Para dar esta visión del miedo que posee a Antonio, que sin la figura de la tentación es una metáfora visual del pánico, el pintor inventó personajes que no podremos ver ni en el delirio de la fiebre o las drogas. Esta aportación estética da soporte a ideas morales, construye una parte de la psique, y describe la dimensión que toma el miedo irracional en nuestra vida. La pintura se puede ver como una fábula religiosa o como una obra de arte, admirar de ella la desmesurada belleza de terribles imágenes. Es lo que la hace trascedente, que supera su tema para ser pintura.

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