Casta Diva

Máquinas

Por qué insistimos en que las máquinas hagan lo que deberíamos hacer los seres humanos? Brenden Lake investigador de la Universidad de Nueva York desarrolló con su equipo un algoritmo que se supone hace que una computadora “piense” y ¿dónde desarrollan uno para que sea la gente la que piense? El progreso, la prisa, la comunicación instantánea, la falta de regulación personal, nos impide meditar una decisión. Nos hemos convertido es seres reactivos, sin mediar una exhalación respondemos porque no hay tiempo, debemos ganar ese instante, así caemos en la violencia, el insulto o los instintos. Los twitteros postean sin pensar lo que dicen, lanzan exabruptos, insultos y zafiedad sin dar un segundo al espacio para razonar lo que están posteando. Nos da hambre y no pensamos en qué comer, desesperados vamos por lo que sea, es imperioso llenarse la panza en ese momento, como si fuéramos a caer fulminados de inanición. Escuchamos un insulto y aunque se agrave el conflicto, olvidarlo es de cobardes, es una cuestión de honor regresar un insulto peor. No necesitamos que las máquinas piensen, nos urge aprender a pensar, a detenernos, a recordar la experiencia de actuar sin razonar. La pedagogía y la psicología de “no te reprimas” impulsó la reactividad y acabó con un proceso valioso de conducta: el sentir y analizar nuestras respuestas y actitudes. La persona que se detiene y piensa antes de actuar y que en ese proceso decide no hacer, al contrario de reprimirse está haciendo uso de la razón. Esa necedad de “es que así soy, no me mido, no me controlo” continua con arrepentimiento por lo que dijimos o hicimos, sabemos que con nuestro silencio o con una reacción mesurada podríamos haber evitado algo doloroso o vergonzoso, inoportuno o agresivo, es suficiente como para buscar la forma de aprender a pensar o a controlarse. La psicología ha insistido en supercherías tipo “enciérrate y grita”, “pégale a una almohada”, terapias de grupo para gritar hasta que se hartan y supersticiosamente, eso les  conjura sus sentimientos  o problemas internos, no los observan, analizan y resuelven, simplemente se desfogan, convierten al ser humano en un gran tanque de emociones irracionales que tienen que escapar. Los padres atiborran a los niños de comida con azúcares y colores artificiales, exaltando su estado nervioso y cuando el niño da alaridos le encienden una tableta, teléfono o alguna pantalla para que su heredero se calle, crean una cadena de violencia emocional y obtención de caprichos ¿así quieren que un día ese niño piense? La gente mira sus teléfonos y juega a nada justamente para poner sus cerebros en pausa y dejar de hacer conexiones neuronales. El silencio es para pensar, callar permite escuchar nuestro pensamiento, proyectar, ver en nuestro interior qué pasaría si continuamos, y qué pasaría si nos detenemos, tal vez no perderíamos algo valioso, tal vez eso no necesitaba nuestra reacción, simplemente se evaporaría, y con esto recuperaríamos la paz.