Casta Diva

‘Je suis Charlie Hebdo’

Con una ametralladora en las manos cualquiera se siente valiente, y más, si frente al asesino hay redactores y dibujantes. Los asesinatos cometidos en la redacción del semanario francés Charlie Hebdo y el supermercado Hiper Cacher en Francia reafirman que la barbarie no necesita argumentos para apoderarse de la sociedad. La excusa de que el semanario faltó al respeto a sus creencias religiosas es insostenible para cometer esos asesinatos. Con el atentado del supermercado ni siquiera se molestan en esgrimir una excusa. La violencia crece porque existe tolerancia para justificarla, cualquier argumento que se anteponga a un acto de barbarie es asimilado, como si las autoridades prefirieran aceptarlos que combatirlos. En estos brutales atentados de inmediato esgrimieron el lugar común de “jóvenes desilusionados por Occidente” “es que Occidente los rechaza y ellos se están revelando”. ¿Desde cuándo Occidente es una promesa de felicidad? ¿Cada vez que un individuo crea que la sociedad no le responde como él quisiera o se sienta “insultado” está autorizado para masacrar personas? Estos criminales han convertido a su religión en una ideología que los autoriza para matarse entre ellos, esclavizar mujeres, asesinar niñas, cometer actos de terrorismo, decapitar “infieles” y subir los videos de sus “hazañas” a internet, eso no significa que sus creencias sean intocables, sus crímenes estén santificados y justificados por los sociólogos. Charlie Hebdo y sus artistas ejercían la crítica, en sus páginas aparecieron políticos, artistas, intelectuales, rabinos, curas católicos y ninguno de ellos los asesinó. La censura se limita a la prohibición, el asesinato no quiere censurar, su objetivo es imponer un estado de brutalidad sobre la población. En México los narcotraficantes asesinan periodistas y miles de civiles para exhibir su fuerza y su impunidad. En Charlie Hebdo no se concentraban en un colectivo, hacían un análisis de los actos violentos de los islamistas en Medio Oriente, África, América y Europa, que siempre están escudados en ideas religiosas, Charlie Hebdo analizaba este detonante. El respeto a la cultura y la idiosincrasia no pasa por la protectora explicación de los asesinatos, nada justifica algo como lo que sucedió en Charlie Hebdo, menos ideas religiosas utilizadas de forma arbitraría y oportunista. El asunto de los atentados islamistas ha llegado a tal extremo que cada vez que hay uno surge una discusión teológica, psicológica y sociológica, cuando esos mismos actos sin un trasfondo cultural o religioso son tratados como violencia, nombrados y castigados como tales. Esa tolerancia cómplice ha permitido que hayan sido masacrados dibujantes, redactores, escritores, personas que trabajaban en la expresión de las ideas. Debemos aceptar que todos los actos de barbarie son iguales y que las ideas religiosas son una trampa ideológica para asesinar, que estas personas son mercenarios como los son los narcotraficantes, su ideología no los hace distintos.