Casta Diva

Demasiado Arte

London Art Fair de Londres y el Armory Show de Nueva York son ferias con una oferta similar a las del resto del mundo: algo de obra “histórica”, pintura con calidad variable y numerosas galerías de estilo contemporáneo VIP y sus objetos con precios ridículos. Cada año se realizan en el planeta casi 170 ferias de arte. Hasta los mercados más limitados, como el de México, tienen ferias que pretenden ingresar al primer mundo.  Gracias al producto que venden las ferias dan la falsa apariencia de ser una actividad cultural, y no lo son, se puede ver arte verdadero pero básicamente son un negocio de compra-venta directa. La diferencia con otras ferias, por ejemplo las de tecnología, es que aquí timar al cliente no solo está permitido, es un aliciente comercial. Siempre va a existir alguien que crea que participar del fraude de un grupo de oportunistas aporta estatus social y encanto personal al sacar la tarjeta black y pagar por una colección de tapas de botella. ¿Existe suficiente arte para alimentar a tantas ferias? Por supuesto, el factor que ha detonado el boom de las ferias es que hay demasiado arte del estilo contemporáneo VIP, muchísimo, hay más arte que compradores, museos, bienales y galerías. Hay mas timadores que timados. Este modelo teórico en el que un montón de suvenires de la Torre Eiffel amarrados con un cable, pañuelos colgados de un gancho y demás “genialidades” se pueden exponer como arte ha provocado una explosión artistas readymade, falso talento, ocurrencias rápidas y obras instantáneas. Un mercado en apariencia inmenso es un canal de negocio muy limitado para una oferta ilimitada. Demasiadas obras, poca inteligencia, escasa osadía y nula belleza. La industria editorial registra grandes pérdidas porque hay más libros que lectores, teniendo en cuenta que el libro hay que pensarlo, escribirlo, editarlo e imprimirlo, en cambio estas obras VIP son cualquier cosa, acción o afirmación. Todo es arte y ese todo carece de espacios de venta capaces de administrar ese volumen de mercancía. El arte ha dejado de ser excepcional, es fácil de pensar, hacer y designar. Al simplificar al extremo el proceso de creación la producción del arte se sale de control, va más allá del objeto en serie, es inconmensurable. Se ofrece un océano de obras que son fruto de una multitud de cabezas que en su limitada y engañada inteligencia aseguran que son artistas y que sus más pueriles gestos son milagros artísticos. Estadísticamente es imposible que todos consigan su verdadero objetivo: ser tocados por el dinero. El fin último de estas obras es venderse, no es el pseudo statement político-social-filosófico que ostentan, la consagración teórica de la obra se cierra cada vez que alguien paga por unos letreros grafiteados. Lamentablemente el dinero es lo más limitado que existe, es de unos cuantos, se agota. Sólo unos cuantos pueden vender eso que hacen todos. Arbitrariedades como la suerte determinan una carrera porque el talento no importa, cuando no existe.