Casta Diva

Bienal de pintura Tamayo, "it’s over"

Es un hecho consumado: la Bienal Tamayo es para un comité curatorial. La historia es corta y fulminante: La Dirección de Artes Visuales de Bellas Artes, a cargo de la licenciada Magdalena Zavala, realizó varias reuniones con pintores, curadores, galeristas, críticos etc., para presentar un escueto powerpoint en el que informaban que la Bienal iba a estar organizada y dirigida por un comité curatorial “como la de Venecia”. Este comité curatorial decidirá a qué artistas invita a participar, irá a sus talleres para “analizar su obra” y esos artistas serán los que podrán concursar. Es un régimen mixto y también se aceptan inscripciones de todo público. Se amplía el presupuesto a 3 millones de pesos y se otorgan tres premios de 150 mil pesos. En esa reunión manifesté mi objeción verbalmente y por escrito. Resumo mis ideas: que existan dos tipos de participantes, unos llevados por el comité y otros sin el apoyo de este comité, hace al certamen inequitativo desde el inicio, fomenta el tráfico de influencias, acaba con la transparencia. Los pintores que se inscriban están en evidente desventaja porque no fueron recomendados por el comité. Un comité curatorial es juez y parte, tiene sus propios intereses. Estas afirmaciones las envíe a la licenciada Magdalena Zavala y me contestó en una carta que gracias por opinar, pero que definitivamente van hacer su comité curatorial. Realizaron la reunión para firmar los acuerdos que establecen las reglas de la convocatoria de la Bienal Tamayo. A este conclave no fui requerida. Los presentes aceptaron por unanimidad este nuevo formato, y la Bienal va a estar dirigida por un comité curatorial formado por dos pintores y un curador. Que incluyan dos pintores no cambia la situación, un grupo decidirá quién participa, es un método excluyente y opaco. En este sentido, hasta Gabriel Orozco es pintor y expone pintura. Este comité será “responsable de decidir el concepto de pintura” así sucedió en el 2008 y Emilio Chapela fue seleccionado con varios pantones “pintados”. Si cada dos años van a estar decidiendo qué es pintura, esto va a estar sujeto a las modas. Además, para alimentar la burocracia y hacer más turbio el certamen habrá un jurado de “profesionales”, que también pueden ser curadores, y ellos decidirán quiénes son los ganadores a partir de la preselección curatorial. Entonces el comité lleva a los artistas y decide qué es pintura, perfecto. Que esto lo aprueben Patrick Charpenel, Patricia Ortiz Monasterio de la galería OMR, Arnaldo Cohen, Francisco Castro Leñero, Teresa Cito, Carmen Cuenca y Teresa del Conde no me extraña, cada quién cuida su negocio: es una bolsa de 3 millones para burocracia cultural, la oportunidad para quedar bien con el poder, incrementar influencia, empujar a sus artistas y sus curadores. Ganancia pura. Lo que es increíble es que firmaran los pintores Ulises Ponce de León y Juan Pablo Rulfo, y que Teresa Velázquez “se abstuviera”. Gracias a estos “defensores” la Bienal ya está acabada.