A ver el Mundial en el senado

En un lapso de veinticuatro días cierta actitud del gobierno del estado transitó de un polo al otro. El 5 de mayo MILENIO JALISCO tituló una nota de Yenzi Velázquez: “Los observatorios deberían pedir opinión a las autoridades: Zamora”, el Zamora de la referencia es el que el jueves anterior dejó de ser senador licenciado. La postura del entonces secretario General de Gobierno era a propósito del observatorio de movilidad, el que tiene una dosis de ciudadano aunque haya nacido por iniciativa del gobierno del estado. Decía el texto que el ex segundo en el mando opinaba que “los observatorios deberían solicitar la opinión de la autoridad antes de emitir una recomendación”. Valiente observatorio, consideramos algunos, más bien debería llamarse equipo asesor. El 29 de mayo, también en MILENIO JALISCO, un reportaje de Agustín del Castillo y de la misma Yenzi Velázquez tenía a la cabeza: “Nace Observatorio del Agua; busca cambios drásticos”, más abajo se leía: “El gobernador tomará hoy protesta de los observadores, quienes tienen facultades para una reforma integral”.

La diferencia entre una postura y otra exhibe dos modos políticos y tal vez una brecha generacional. También es la huella visible que a lo largo de un año dejó la tensión que se percibía en el gabinete del Ejecutivo estatal y en el Congreso, que contra todas las buenas expectativas que generaron algunos diputados no ha terminado por variar la inercia maldita de las anteriores legislaturas, y la causa de esto quizá esté oculta en el manejo de la política interior del estado. No es lo mismo controlar que gobernar; para lo primero el actual senado es un remanso fértil, para lo segundo quizá estemos ante la posibilidad de que comience a suceder en Jalisco.

Si nos atenemos a la máxima que reza que en la política no hay coincidencias, tendríamos que hacer una relación directa entre el reportaje del jueves pasado sobre el Observatorio del Agua, plural, sapiente y representativo de los intereses ciudadanos, que el gobernador propuso, y que ese mismo día el secretario General se llevó sus cosas personales del escritorio que usó en el Palacio de Gobierno. Lo que no significa que la desemejanza de actitudes ente los observatorios fuera la causa de la separación por mutuo acuerdo entre Aristóteles Sandoval y Arturo Zamora (el primero se queda con los hijos, el segundo con una propiedad en el senado de la República). Ayer MILENIO JALISCO resaltó en su primera plana: “Dejo «la vía libre a muchos»: Zamora”. Ojalá en esos muchos estén incluidos los ciudadanos que con su conocimiento pueden contribuir no sólo a resolver los problemas concretos, sino a desactivar el enfrentamiento entre las autoridades y la sociedad que hemos visto tantas veces, en este sexenio y en los previos, por materias como la movilidad y el agua cuando aquélla no es tomada en cuenta; desencuentro que termina por convertirse en el factor más escabroso de los asuntos y que no deja ver con nitidez las opciones técnicas, tampoco las posibilidades reales de intervención, y nos empuja a construir la opinión no con datos, sino con argumentos emanados de la fe sustentada en la confianza que nos provoca alguno de los actores involucrados.

¿El relevo en la Secretaría General de Gobierno supone una muda favorable en la política del gobierno del estado? ¿Es un golpe de autoridad de Aristóteles Sandoval para que el derrotero de Jalisco nomás se guíe por su brújula? ¿O es un gambito entre fracciones, una grilla vulgar? Pronto lo sabremos. Mientras, el Observatorio del Agua luce bien por quienes lo componen, personas y organizaciones, también por las atribuciones que el artículo de MILENIO anuncia que el gobernador le otorgará, aunque según el mismo texto el 29 de mayo su integración sería publicada en el periódico oficial El estado de Jalisco, correspondiente al Tomo CCCLXXXIX, y no fue así. Esperemos que Arturo Zamorano se haya quedado, por equivocación, con el archivo que iría a la imprenta.

 

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