Y no hay vacuna

Para Jaime Chacón, por
75 años de vida, casi los mismos de fidelidad partidista

 

Que alguien le avise a la economía que el Congreso hizo cambios profundos a la Constitución y que ahora le toca acompasarse con las “nuevas bases para el desarrollo” que presume el Presidente de la República. Ella, la economía, parece insensible al esfuerzo que el Ejecutivo y el Legislativo hacen para concedernos un país nuevo. No crece el empleo (no se frena la inercia perniciosa de la educación, con la puesta al día de la norma para telecomunicaciones y radiodifusión sospechamos que buscan conculcarnos ciertas libertades) tampoco pagamos menos por la electricidad o por el gas doméstico, y en cuanto a lo que prometió Peña Nieto el 12 de agosto del año pasado al presentar su propuesta de reforma energética, que “bajará el precio de los fertilizantes y, en consecuencia, nuestro campo producirá más, habrá más alimentos y a mejores precios”, la economía se ha desentendido de su instrucción, también el clima y la política mundiales, un escritor de Wall Street Daily, Tim Maverick, publicó sus tres explicaciones para que el trigo haya subido tanto: Sequía en entidades de Estados Unidos que lo producen, la actitud rusa hacia Ucrania (que cosecha 6% del trigo que se exporta en el mundo) y que China debe alimentar a una población enorme y hambrienta. Está bien, pero, ¿cuánto valen esos datos comparados con el portento que son nuestras reformas estructurales? Lo peor es que estas tampoco parecen impresionar a los molineros locales; en Guadalajara uno de ellos, para justificar el incremento, tiene en el mostrador una nota de The New York Times, o de un diario semejante, que da cuenta de la sequía, nos apena, dice a los clientes una señorita muy amable, pero la harina de trigo seguirá subiendo. Hagamos una paráfrasis con la consigna que usó Bill Clinton: La economía es estúpida, y así ha de ser, porque el Presidente, los diputados y los senadores saben lo que hacen y no prometen nomás por salir del brete.

En este punto de la argumentación a los enterados de la cosa nacional les toca desactivar cualquier intento de populismo que se valga del sarcasmo para soliviantar a la gente: Faltan todavía algunas leyes secundarias, después ponerlas en práctica y entonces, a mediano y largo plazo, veremos el comienzo de los beneficios. Pero no sólo corresponde a los informados y prudentes, también a los escuderos que tiene Enrique Peña Nieto, por ejemplo el senador David Penchyna. Por cierto, en su página de Internet este representante de Hidalgo exhibe su preocupación por los grandes temas patrios: Ofrece boletos para la final de futbol, Pachuca vs. León, a cambio de responder una “trivia”, cosa de averiguar si trivia significa boleta electoral. Este miembro de la revolución estática, es decir, institucional, está al frente del escuadrón. Lo que quieran con el Presidente, conmigo; a Alfonso Cuarón le repeló que no eran necesarios los debates públicos sobre la reforma energética, pero lo perdona porque el cineasta ha estado fuera de México y ya olvidó que para eso está el Congreso; y hace unos días, en entrevista con UdeG Noticias, precisó que nadie prometió que el precio de la gasolina bajaría, y continuó para denostar al subsidio que recibe este combustible, que malamente se impuso hace mucho y no es correcto, hay que llevar su precio al costo real para que no se beneficien del erario quienes no lo necesitan. Estamos de acuerdo con el senador, sólo en eso de que no hay registro, accesible, de que el Presidente haya dicho que bajaría el importe de la gasolina, sí lo aseguró respecto a la electricidad y el gas, y sí hay documentos con el énfasis que puso en que pagaríamos menos por la comida, y aquí nos entra la duda: Cómo será esto cuando uno de los costos más altos para que las mercaderías lleguen al consumidor es el de la distribución, de lo que inferimos que la estupidez que sufre la economía es viral y el trasporte ya se contagió.

 

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