De haber sabido

2015 inició proponiéndonos una incertidumbre: cuál de dos equipos locales de futbol en peligro de descender terminaría en la segunda división. Zozobra y estadios llenos para presenciar el único espectáculo que ofrece el futbol mexicano: el morbo. Una semana el panorama lucía negro y la siguiente era de claroscuros. Agonía y éxtasis en relevos ininterrumpidos. Hace días uno se salvó. El otro está al borde del abismo (el desenlace está por saberse). El caso es que en este drama estábamos, cuando se apersonaron en la Guadalajara el secretario de Gobernación, la procuradora General de la República, el máximo General de la Defensa Nacional, el primer navegante de la Marina Armada de México. Su gesto inicial fue para hacernos saber que llegaron a la maltrecha cristalería llamada Jalisco en calidad de cabras: se les hizo poco el Palacio de Gobierno en donde Miguel Hidalgo… en donde Benito Juárez… para mandar su mensaje prefirieron un hotel de ésos que se estiran hacia el cielo porque lo que sucede a ras del piso es vil y peligroso. Ahí anunciaron, para pasmo de la tribuna, que el equipo que descendía a la segunda, en ese momento, era el que se encargaba de la seguridad pública desde el gobierno del estado, por matanga, el árbitro le pidió el balón.                              

Ni modo. En Jalisco sabemos perder. Nomás que, según se dice, solemos arrebatar, aunque, en estas condiciones, ¿qué arrebataríamos? ¿El micrófono, chalecos antibala o la bolsa de papel de estraza para cubrinos la cabeza? Estábamos muy contentos íbamos tan bien; tres meses atrás el Informe del gobernador fue un lujo para los espíritus cívicos más reacios; hace unos días eran una pura ilusión los anuncios sobre la creación de empleos; como conquistadores tras Cíbola, gozábamos el trance de fundar ciudades creativas, de las digitales; organizábamos foros universales sobre bienestar metafísico, hacíamos planes con los “simpáticos inoperantes” de la ONU (así les llamó Quino, en voz de Mafalda); con cuánto donaire regalaban útiles escolares para que la educación no fuera pretexto para dejar de comprar cosas para llevar al colegio; y ya sólo faltaba que termináramos de pintar los camiones del transporte público de color verde, porque acá sí sabemos de movilidad. Ni modo. Nos confiamos y mandaron de refuerzo a un general. Ya se nos ocurrirá algo para arrebatar, en cuanto pasen las campañas, o el susto, lo que ocurra antes.

El sarcasmo es útil para escribir un artículo y para perder amistades. Pero también es artimaña para exorcizar al pasmo. Sí, bienvenido el amago de tranquilidad que provee la federación, salvo que sobre la seguridad pública se erigen el resto de las instituciones, por eso es frustrante que ante la autoridad federal que hace a un lado al aparato estatal de seguridad nadie nos cuente lo que vieron para tomar semejante medida, sorprende que a cambio el gobierno de Jalisco ofrezca espejitos semánticos, sucedáneos de la información y de ejercer el poder: narcoterrorismo es una palabra que no reconoce la Real; ah, estos vándalos, asesinos e ignorantes, mejor que los federales se hagan bolas con ellos. Pero el asombro ante el plan del hotel Riu contiene un dejo de fracaso: lo que el secretario de Gobernación hizo al anunciar que vienen a salvar nuestra paz, fue confirmar nuestras sospechas: los cuerpos policiacos locales, y sus mandos, no tienen con qué, no saben cómo. Y al final, es lógico que por el gobierno del estado no haya, como por el alazán de Atahualpa, ni una voz para nombrarlo: la política en uso supone que los gobernantes pueden prescindir de la base social, y no la convocan, no la respetan y le informan mal. Quizá hoy ya aprendieron que es inútil tratar de alejarla, con demagogia y triunfalismos de ocasión, de la realidad, ésa capaz de mostrarse brutal, en la forma de helicópteros militares derribados, de soldados y policías asesinados y con una porción del estado en poder de los criminales y sus reglas. 

 

agustino20@gmail.com