No hay peor lucha que la que se pierde

La vieja y conocida narración: una mujer muy entrada en la tercera edad, es decir, vieja, todas las mañanas iba de su cuchitril a la puerta del palacio y durante un rato gritaba, dirigiéndose al balcón central, vacío, del imponente edificio: ¡larga vida al rey, larga vida al rey! Un día, uno de esos días que en los cuentos quieren pasar por comunes y corrientes pero alcanzan la relevancia de ser uno en de ésos porque en ellos la rutina se quiebra, en este relato, el día de ésos un forastero torció lo cotidiano, luego de dos amaneceres de atestiguar el ritual de la vieja (pensándolo bien, podía ser un viejo) no pudo reprimir las ganas de saciar su curiosidad y se acercó a preguntar: oiga, ¿no sabe, no ha notado que el rey es un tirano que tiene al pueblo en la miseria, por qué le desea larga vida? La vieja le dirigió una mirada de compasión y le explicó en un tono que hizo saber al preguntón que lo consideraba un tonto: sí, el rey es todo eso que dice usted, y más, pero yo viví cuando rigieron su padre y su abuelo, créame: larga vida a este monarca, sus antepasados fueron peores. Contundente y no aquejada de literatura, la ley de Murphy alerta de manera similar: si algo puede salir mal, saldrá mal.

Ahora que Movimiento Ciudadano, el PAN y el PRI, también el gobernador, hicieron pública su opinión negativa respecto a la continuidad en el cargo del auditor superior del estado, Alonso Godoy, corremos el riesgo de quedar con la tarea de la vieja del cuento, o de constatar que Murphy no se equivocó. Aquí, la calidad de empeoramiento de las cosas públicas es alta y no hemos dado con el remedio; de la alternancia entre partidos, a la transparencia, pasando por un cúmulo de ordenamientos legales, nuevos y renovados, no ha habido manera de ahuyentar a los incompetentes y corruptos que aspiran, y consiguen, alguna posición que los acerca al erario o al poder desde el que la codicia puede ser adecuada e ilícitamente servida. 

El concepto que une a la vieja que calibra el futuro a partir de su experiencia, con la certeza en que lo que pueda fallar, fallará, es el determinismo: no hay azar, en la hilera de sucesos previos están las causas y así, los efectos son previsibles. Pero justamente la anciana que expresaba su miedo asida a su historia y valiéndose de un deseo positivo hacia el autócrata, no medía las causas, evaluaba desde su ámbito los efectos tangibles; y quien asume que algo, siempre, va a salir mal, renuncia a priori a la labor compleja de investigar la concatenación de elementos que incide en el funcionamiento de un sistema dado, lo que no queda expresado en la ley de Murphy es que no se trata de esperar la inalcanzable perfección, sino de actuar para que no se repitan idénticas deficiencias.

En el punto en el que hoy está el fin del periodo de Alonso Godoy al frente de la ASEJ, suponemos que habrá nuevo auditor, o auditora, lo que no compromete que las cosas en el monitoreo y control del presupuesto que hace el Congreso de Jalisco serán mejores, pues las condiciones originarias no se trastocarán con el relevo de Godoy Pelayo porque, paradójicamente, su inmolación también sería efecto de las mismas inmutables causas, si nos contentamos con defenestrar al funcionario dejaremos desatendido el erróneo diseño institucional y el sospechoso soporte legal, hechos al modo de intereses ajenos al bien común e impermeables a la transparencia, la prueba está en que el auditor suele declarar, asimismo sus aliados, que ha actuado fiel al derecho y a las reglas.

La toma de postura de agentes políticos que inciden en el destino de la ASEJ respecto a la continuidad de Alonso Godoy es de reconocerse, de celebrarse, pero por su valor simbólico; toca poner las condiciones, ir a las fuentes, para que dentro de no mucho, ya viejos, exclamemos en la plaza pública: larga vida a la honestidad y a las leyes e instituciones que la hicieron posible en la administración pública… porque tuvimos y sufrimos de cerca lo otro.

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