El mal plan de las ciudades

Vecinos vs Promotores" tituló el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM un coloquio que sucederá el 12 de noviembre, el subtítulo reza: "Conflictos locales en la Ciudad de México". Podríamos agregar: ¿nomás en el DF? Y para contribuir a hacer el cartel más parecido a los de la lucha libre, podríamos anunciar: en las preliminares, a todas las caídas que se pueda y sin límite de tiempo, contenderán: Alta tasa de retorno vs El deseo de vivir en sitios amables, y La búsqueda del legítimo dividendo vs Nomás que no sea contra el derecho a un medio ambiente sano.

La preeminencia que otorgamos a nociones como productividad, inversión, circulación del capital y creación de empleos (de los que sean y como se pueda), cada vez enseña más los dientes, simplemente porque la valoración de las actividades económicas prescinde de calcular los costos sociales y ambientales, lo que no significa que no existan o que no sentiremos el efecto de subestimarlos, más bien cuando optamos por no calcularlos al planear intervenciones urbanas o en áreas naturales, lo que hacemos es transferir la cuenta para que la paguen la gente y el planeta, con la degradación de la calidad de vida y con el daño a las condiciones naturales que hacen posible una vida plena; aunque estos perjuicios no desaparecerían si convirtiéramos lo social y ambiental a un valor monetario, se minimizan sólo cuando se tiene la altura moral para decir no, este desarrollo, el que corresponda, es inviable.

Las preguntas que adelanta el coloquio que organiza el IIS definen bien la situación de perder-perder en la que nos han puesto la codicia y el desgobierno: "¿Luchas clasistas o disputas ambientales? ¿Expresión de las desigualdades sociales o nuevas fuentes de desigualdad y diferenciación social? ¿Por qué hay barrios que se movilizan y otros no? ¿Qué deben hacer los planificadores urbanos?"

Hoy, uno de los duelos que destacan en el pancracio de la vida cotidiana en Guadalajara es el que tiene como contendientes a los vecinos y a ambientalistas, a los que el jueves se unió el gobierno de Tlajomulco, contra la Inmobiliaria Rincón del Palomar. Los primeros argumentan "ecocidio" y pérdida de bienestar, la segunda esgrime permisos en regla, manifestación de impacto ambiental y la certeza de que su desarrollo está fuera del bosque La Primavera. El público, ávido de emociones, y de justicia, festejó la irrupción del alcalde para sumarse a los y las ciudadanas, el rival acusó el golpe y respondió con una inserción voladora en los medios impresos.

Quien no conozca nuestro país pronosticaría un empate; es la clásica pelea entre dos que tienen porciones similares de razón. Unos arrojan evidencias científicas respecto a la ecología y la sociedad, en las que subyace que el medio ambiente pierde, por causas exógenas evitables, características que hacen más agradable la vida de las personas y facilitan la convivencia; los otros se amparan en que se ciñeron a las leyes. (Ya sabemos que aquí estos empates se quiebran con el voto de calidad que ostentan el dinero y las influencias). Con todo y que el aspecto legal no es un dato menor, la inconformidad de la gente se equipara en méritos, lo que es una manera de rescatar valores que el modelo económico desplazó, es volver al principio: primero la gente y el medio ambiente, no el esquema de acumulación de capital y el diseño legal caduco.

Un coloquio local, representativo del saber y de la sociedad, daría herramientas a los gobernantes y tal vez los lleve a comprometerse con los máximos beneficios, a largo plazo, para los más, su nombre podría ser: Futuro vs Pasado, fuera máscaras, es hora de la verdad porque luchas hay por toda la metrópoli y en cada área natural: ¿así de incompetentes somos para planear las ciudades y el territorio? O el plan es mantener la mezcla infalible para que los planes financieros de unos pocos se cumplan: leyes a modo, autoridades igual y ciudadanos mansos.

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