La Historia o la historieta

La Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, carne de moneda de cobre, nota que algo no va bien, su marido, del que sacó el apodo, Corregidora, y el segundo apellido, del que no podrá desuncirse jamás, está raro, ella quiere hacer algo a favor de la conspiración, pero al cabo, el timorato Domínguez la encierra con doble llave.

Los puristas saldrán con que no hay que mezclar leyendas con la historia oficial y adicionar ignorancia, lo sé, pero la anécdota así contada hoy cae bien, no porque conmemoremos el Día de la Independencia, sino porque desde cierta perspectiva sobre un suceso respecto al que hay consenso, uno que marcó el inicio de una muda abrupta en la historia de México y de España, podemos calibrar, al menos intentarlo, uno actual y el peso que podía ganar en el futuro. ¿Doña Josefa supo, mientras daba taconazos sobre la duela del piso, que inauguraba un momento histórico? Seguramente no. Tal vez sólo pensó en alertar a sus cómplices para protegerlos, o actuó al impulso de sentir que su mundo estaba por desvanecerse, el suyo particular, sus rutinas, las agradables reuniones para planear un país nuevo, para hablar de libros. No podemos saber qué pasó por su mente, aunque conocemos los efectos de su gesto y es desde estos que cabe preguntar, ¿intuyó lo que causaría?

El jueves 14 de septiembre de 2017 el Congreso de Jalisco, su Legislatura LXI, aprobó reformas a tres leyes: la de Responsabilidades, la de Fiscalización y la del Tribunal de Justicia Administrativa, e intervino el código penal; los cambios tienen que ver con el Sistema Estatal Anticorrupción. Ese mismo día, era de noche, los diputados eligieron a nueve personas con las que compartirán una potestad antes exclusiva de la soberanía del poder Legislativo: esos nueve escogerán a los cinco integrantes del Comité de Participación Social del tal Sistema, quienes, una vez nombrados, tendrán las siguientes atribuciones, entre otras: presidir, por turnos, el Sistema entero; participar en la selección del Fiscal General del estado, del Fiscal Anticorrupción, de los Magistrados del Tribunal de Justicia Administrativa y del Auditor Superior. Es una muda importante en los contrapesos del poder. Respecto a las leyes, para no atosigar con un listado largo de cosas buenas que aprobaron, apenas una muestra: las cuentas públicas de Jalisco ya no serán usadas por el Congreso como moneda de cambio para componendas políticas privadas y al fin sabremos, rápido, qué tan bien se usa el erario estatal, el de los municipios, y tendremos una evaluación de lo que producen los programas sociales en los que invertimos. Otro detalle inusitado: para llegar a este punto intervinieron los tres poderes, universidades, organismos empresariales, sociedad civil organizada y los medios de comunicación.

Los llamados perentorios, de unos años a la fecha, para cesar la corrupción, ¿equivalen a los zapatazos que dio la Corregidora? Lo sucedido el jueves en el Congreso, ¿vale por los primeros escarceos entre el multitudinario ejército que quiere la emancipación del estado corrupto que padecen tantos asuntos públicos, y las huestes que forman los que se benefician del escaso estado de derecho? Los acontecimientos legislativos del 14 de septiembre de 2017 en Jalisco son históricos, ya sea que llenan las buenas expectativas, ya sea cumplan augurios del tipo: no tenemos remedio, y menos los gobernantes; son históricos porque todo indica que estamos en el momento: ahora o ya perdimos.

A favor de la esperanza tenemos a los seis hombres y tres mujeres que ya forman la Comisión de Selección; pero también a quienes se quedaron en la lista, 39 que con su mera inscripción pusieron una marca ética, dos de ellos en especial: José Morales Orozco y Francisco Ramírez Yáñez, rectores del ITESO y de la UNIVA, respectivamente, su generosidad sin adscripciones refrenda la del cura que en 1810 comenzó esto que hoy se llama México y que, a pesar de los malvivientes que pululan, tiene remedio.

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