Que no le digan, que no le cuenten

El campo de batalla hoy está en las propuestas para crear las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión, entendidas en el Artículo 6° constitucional como “servicios públicos de interés general”. Sabemos que para los poderosos lo que diga la Constitución está bien siempre y cuando no vaya en contra de su codicia, por dinero y por control.

La primera campaña de Barack Obama puso en evidencia la capacidad de las redes sociales para crear comunidades por generación espontánea, o por bipartición. Un mensaje pertinente estimula a la célula y ésta busca asociarse con otras y/o puede dividirse en dos, idénticas pero con funciones sociales diferenciadas, una individualista, para adaptarse a la comunidad en que vive, y la otra encuentra nutrientes en la colectividad que brota en el espacio virtual. A Obama el entendimiento de los mecanismos de la socioinformaticobiología (tal cosa no existe) le valió alzarse con el premio más codiciado de la democracia electoral: La presidencia de Estados Unidos. En otras regiones del mundo dio a luz a la Primavera Árabe, propició el germinar de dos enredaderas: los indignados y #Yosoy132, grupos de autodefensa para tratar de expulsar del organismo a los vividores.

La segunda campaña del único presidente negro que ha tenido Estados Unidos (nos referimos a su raza, porque si el color designara vicios éticos y políticos, ha tenido varias decenas) fue más tenaz con el abordaje a las redes sociales, ya no bastaba salir al océano inmenso que conforman, había que ir a islas específicas, al componente latino, y ya en él dar con quienes estimulaban más y mejor cada nodo de esa malla. Barack Obama volvió a ganar por el extra de votos que salió de su estrategia. Mientras, el mundo árabe que vio dividendos de aquella primavera de erradicar tiranos, todavía espera algún cambio no sólo de coyuntura, estructural; igual el movimiento de los indignados en España y en Estados Unidos: El modelo económico que denunciaron aún depreda a placer, aunque en ambos países algo de la opinión pública quedó de su lado, lo que no deja de ser significativo y valioso. Acá, #Yosoy132: mostró un camino que no impidió a Enrique Peña Nieto ser presidente, pero sí le provocó una vía cerca de la línea de flotación por la que no cesa de embarcar agua; a partir de aquel modelo de acción varios funcionarios públicos, menores, han tenido que rendirse; por ejemplo, con el distintivo #Lady… cayeron el titular de Profeco o la regidora Ayón, del Ayuntamiento de Guadalajara. Más los muchos ejemplos de grabaciones que merced a la Internet se vuelven eficaces procreadoras de comunidades instantáneas y coraje, se vuelven noticia.

Desde cierto ángulo lo anterior muestra la voluntad de la sociedad por mantenerse como tal y unirse. Pero desde otro, es comprobación de la persistencia de una lucha que los poderes, el público y los fácticos, tienden a desestimar: la que aún hay que dar por la libertad. El campo de batalla hoy está en las propuestas para crear las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión, entendidas en el Artículo 6° constitucional como “servicios públicos de interés general”. Sabemos que para los poderosos lo que diga la Constitución está bien siempre y cuando no vaya en contra de su codicia, por dinero y por control, lo asienta con severidad el presidente Peña Nieto en la iniciativa que envió al Senado: A pesar de lo que diga la Carta Magna quiere regresar al Ejecutivo, a la Secretaría de Gobernación, su rol de censores; con malas artes pretende convertir bien de dos o tres el espectro radioeléctrico, cuando debería ser una designación transparente; antepone cierta noción de seguridad nacional, determinada por él, a la libertad expresada en nuestro derecho para transitar por el país, para decir, pensar, escribir y para navegar por Internet. Por eso debemos tener cuidado con el mensaje imperante: Estas leyes secundarias son un asunto técnico, para expertos. No. Antes son un atentado contra el patrimonio nacional y la libertad; por lo que no hay quien esté exento de intervenir, a menos que queramos claudicar otra vez, como con Pemex, con la reforma fiscal y con la laboral. De otro modo, para estar a tono con García Márquez, en el futuro podríamos decir de este año: Fueron los tiempos en que el Patriarca fertilizó su primavera.

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