El autoritarismo patalea

El proyecto de nación es primero, va mi esposa en prenda. Por cierto, el proyecto de nación es él, el Presidente de la República, que desanimado, iracundo y como si desde lejos calibrara las cosas, informa que hay desestabilizadores que se oponen al movimiento que su visión, profunda como reforma integral, le impuso a México, unos de esos: “los que mucho tienen”, y hay otros, dijo hace unos días. Qué debemos hacer ante semejante revelación, qué hacemos los ciudadanos, ¿persignarnos para que la divina Providencia nos libre de los satánicos desestabilizadores? No sería malo que a su valoración del momento le siguieran una lista de nombres y las acciones legales pertinentes, para que su vaguedad no tome el mismo talante que confiere a sus malquerientes y se vuelva desestabilizadora. 

Si el proyecto de nación tuviera parque, ustedes no estarían aquí. De este modo, el Presidente en su Churubusco respondió a los que afirmó, sobre todo a una, Carmen Aristegui, atentaron contra la dignidad y la honorabilidad de su familia al señalar que su esposa posee una casa con un valor que 99.5 por ciento de los mexicanos no podría comprar, a pesar de que en ese porcentaje están incluidos unas y unos, 94.6 por ciento, que trabajan durísimo y honradamente, como la esposa del primer mandatario tan dolido que pareció amenazante hacia la periodista y de paso, cómo no, hacia la libertad de prensa. “Aseveraciones imprecisas y carentes de contexto”, de este modo evalúo, con los ojos inyectados y la frente sudorosa, el Comandante Supremo a la investigación periodística que dio con el palacete que una “profesional exitosa” –así la estimó Ciro Gómez Leyva- y esposa de Peña Nieto se construyó luego de 25 años de labor ininterrumpida. ¿Cuáles fueron las imprecisiones y si no corresponden al contexto de la pareja presidencial –nunca mejor dicho- entonces a cuál? Pero el Presidente no consideró que fuera necesario explicar, justificar, quizá no sintió que lo merecíamos; prefirió empinar a su esposa y de paso, mira qué listo, darnos un distractor para mudar la atención de Ayotzinapa, como insinuándonos: ahí les dejo a mi señora, mucha pestaña postiza, mucho parpadeo inoportuno, al cabo lo que ustedes quieren es circo, no justicia de la que mi proyecto de nación acarreará algún día, no pronto, pues las reformas “no son varita mágica” (en serio, así lo dijo el martes anterior en el Estado de México).

Nota al texto, muy necesaria: Angélica Rivera, esposa de Enrique Peña Nieto, mostró cuan leal es a su marido al exponerse como lo hizo; incluirla en el martirologio no fue una decisión menor del político más poderoso, y lo pinta perfectamente a él. Más allá de la casa y las negociaciones con su patrón, ella fue usada para fines políticos mientras su esposo salía por la puerta de servicio; evidenciar un proyecto de nación sobre el prestigio de una mujer es una actitud muy antigua, para alertarnos de lo por venir.

Levanten las armas, los valientes no asesinan. Y las armas no han dejado de tronar y los asesinados pasan de cien mil, ¿por qué nadie lleva la cuenta? No hay valientes, la valentía no es mercadería de gran demanda; el proyecto se trama en las nubes, ajeno a principios, lejos de la gente, y quien lo encarna no se hace cargo del otro proyecto, ese sí de nación, que se manifiesta en las calles, en las comunidades, que comienza por exigir justicia, honradez, democracia, libertad, y cuya reforma estructural es recuperar para el pueblo la potestad sobre el destino que le atañe; las multitudes que no se cansan, por Ayotzinapa, son la parte introductoria de una idea de país que exige ser atendida, está en el espacio público, en las familias y en las redes sociales, a contracorriente del pastoreo inútil que intentan ciertas voces desde los medios de comunicación y la clase política para que las cosas y el ánimo tornen a un estado previo que ellos entienden mejor, en el que el Estado, el proyecto o el bienestar residen en la primera persona del singular.

 

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