Nos alcanzó el pasado

El cálculo que es posible intuir a partir de las fechas que eligen para dar a conocer resoluciones que generarán conflicto, nos dice que sí toman en cuenta a los ciudadanos, pero sólo hasta cierto punto, cuando son parte de lo que pomposa e imprecisamente se conoce como opinión pública.

La promesa del gobierno que más aguantó prendida [con alfileres] en la esperanza de algunos ciudadanos, fue la que se refería a la no inundación del poblado Temacapulín. Hoy que la realidad puso en su lugar lo prometido, en el cesto de los desechos, llegó la hora de sentarnos en el umbral de la puerta, parafraseando el proverbio árabe, ochino, hay opiniones, a ver pasar el cadáver del sexenio.

Una cosa que sí trajo la democracia electoral fue el acortamiento del periodo lunamielero entre los ciudadanos y los gobiernos. Hace no tanto el proceso era: un año de escarceos amistosos entre la confianza que reestrenamos sexenalmente y el todavía risueño mandamás, al que seguía otro de buscar denodadamente señales de aliento para sostener la fe, después, en los albores del tercer año, iniciaba el desencuentro, hasta rematar con el clásico: qué podrá decir en su último Informe si no ha hecho nada, ya debería irse. Ahora todo lo anterior ocurre en poco más de un año, vertiginoso: confianza, escarceo, miradas que buscan lo que hubo -por si acaso hubiera más-, desengaño y rompimiento informal, todo en menos de lo que suspiramos, y la separación es informal porque el lazo se mantiene inercialmente, es decir, por ley.

Si quien gobierna admite este interruptus de la luna de miel, ante lo que no le queda sino hacer una mueca y encogerse de hombros, vender y darles uso a las Villas Panamericanas no es una medida que podría sorprendernos; además, con el desencanto bien instalado en su trono habitual, ni siquiera perdería mucho del poco capital político del que dispone. Y como lo recurrente en la administración del erario que padecemos es: necesitamos dinero, el cuidado de intangibilidades medioambientales que atañen a un futuro en el que ya no estará quien actualmente rige, puede esperar.

Pero, un momento, ¿qué periodo general de vacaciones queda para que puedan hacer ese anuncio? En diciembre anterior avisaron del incremento a la tarifa del transporte público; esta Semana Santa ya la gastaron con la noticia del crecimiento súbito de la cortina de la presa El Zapotillo… A menos que pretendan conectar un doblete (como buenos Charros de Jalisco) y el miércoles nos den la sorpresa de que ya saben qué hacer con tan monos edificios residenciales: venderlos al mejor postor, porque el Jueves Santo todo mundo estará piadosamente entregado a la holganza, y quizá aprovechen la oportunidad, de otro modo tendrían que dejarlo para después del día de la Virgen de Guadalupe.

Interesante forma de gobernar. Curiosa manera de relacionarse con los gobernados. El cálculo que es posible intuir a partir de las fechas que eligen para dar a conocer resoluciones que generarán conflicto, nos dice que sí toman en cuenta a los ciudadanos, pero sólo hasta cierto punto: cuando son parte de lo que pomposa e imprecisamente se conoce como opinión pública, no cuando son únicamente los que dan su opinión sobre las decisiones de gobierno que los afectan. A la opinión pública se le conduce con un plan cuidadoso de medios y de cooptación de inconformes, coloquialmente se le conoce como control de daños, al que no pocos se suman gozosamente al aceptar darle vuelo a otras notas, al hacer énfasis sólo en los supuestos beneficios de las medidas en cuestión o cuando un protestante acepta lo que le ofrecen, a título personal. En cambio, a los ciudadanos en plan nomás de ejercer su derecho de audiencia, de manifestación, de intervención en los asuntos que les atañen, los ignoran, les dan largas, les explican a medias y, sobre todo, les prometen, hasta que su descontento languidece o se repliega ante la eficacia del control de daños que le evita desvelos y entripados a quien gobierna, aunque merme el capital social.

Pero bueno, exceso de disquisiciones para días que son de guardar, para alejarse de las mundanidades. Baste entonces, como remate, una moraleja: cuando las casas de tus vecinos veas inundar, pon la tuya en alto lugar, o en otro estado o en otro tiempo.

agustino20@gmail.com