Usos vueltos leyes

Es una hipérbole populista afirmar que el problema de Guadalajara es la nula planeación; al contrario, ha sido precisa: sus metas se han cumplido escrupulosamente. Que los alcances de esa planeación no atañan al bienestar de la mayoría, que no los percibamos en que la ciudad sea vivible, transitable y respirable, no es de imputarse a que no se planee, sino a los fines que han perseguidoquienes históricamente han tomado por su cuentay para su beneficio los planes: desarrolladores, el pulpo camionero, los sucesivos gobiernos estatales y municipales, ycomerciantes; las fortunas que han amasado muchos de ellos son testimonio de que todo ha salido según lo programado.

En los terrenos del que fue el Rancho San Jorge, entre Av. México, diagonal San Jorge y Av. Inglaterra, la prototípica planeación tapatía parió“Central Park” (quién sabe cuántas sesiones de lluvia de ideas, grupos de enfoque y talleres de creatividad necesitaron para llegar a un nombre tan notoriamente acomplejado). Cinco torres, dos de 25 pisos, tres de 27; helipuerto y lo necesario para simular cierta idea de Nueva York: spa panorámico, gym. Guadalajara se despereza para entrar al gran mundo, pero sin perder sus rasgos encantadores: las vías que rodean a tan mundano proyecto son las mismas desde hace décadas, tampoco ha variado el resto de los servicios. Los vecinos de la colonia Vallarta San Jorge serán muy felices cuando los portones de “Central Park” que dan al remate de la Av. Hidalgo se abran para que el tropel de los nuevos habitantes del otrora Rancho inunde su colonia, que había sobrevivido heroicamente a la planeación.

Pero “Central Park” es un ejemplo, a unas cuadras brotan torres similares, muy cerca de la Minerva; en otro rumbo amenaza Iconia,más lo que sucede entre el Periférico y Tlajomulco, en la colonia Moderna o en el valle de Tesistán. Los elementos más cercanos para imaginar las complicaciones incrementadas por la densidad llevada al extremo en ciertas zonas, son las calles y el número de coches; sin embargo, hay un más allá: el servicio eléctrico, los desechos sólidos y líquidos (basura y drenaje), el abasto de agua, la calidad del aire, seguridad, contaminación auditiva, áreas verdes, estacionamientos, banquetas, etc.

Aunque lo anterior es un listado de exquisiteces que algunos maloras usansólo para denostar lo bien que ha salido el desarrollo urbano de Guadalajara, la prueba está en el crecimiento imparable de la ciudad y en que no hay actividad económica más rentable que la inmobiliaria, que a su vez se las ingenia para que el otorgar permisos sea igual de beneficioso para el funcionario en turno. Además, los planeadores no se quedan inmóviles ante las necesidades de la ciudad: ¿las calles son insuficientes?, con pintura hacen otro carril; ¿no cabe la gente en los camiones?, quitan bancas a cada unidad y listo; ¿nos molesta un semáforo?, lo anulan con un puente costosísimo que lleva más rápido al siguiente semáforo.

Luego de setenta años con este modo de planear, ¿romperemos el vicio de que los planes incluyan a muy pocos y excluyan el concepto ciudad por medio de crear una Junta de Coordinación, de la que dependerá el Instituto de Planeación Metropolitana? Como la función del Instituto es apelar a la buena voluntad de los presidentes municipales y los cabildos, quizá deban cumplirse requisitos extras: que quienes hoy hacen negocio con el desorden metropolitano renuncien a los dividendos súbitos; que los alcaldes cedan parte de su potestad sobre el territorio que gobiernan y asuman activamente la parte remedial que en este punto es ya imprescindible en la planeación; que el componente ambiental sea transverso a toda intervención en la metrópoli; que el automóvil deje de ser la única constante en los proyectos. En suma: que los pocos que mangonean el presente y el futuro de la mancha urbana opten voluntariamente por ser otros; si lo conseguimos, el Imeplan tendrá un futuro luminoso y poco importará quién lo dirija.

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