Tradiciones

“Cifras del más allá”

Tapatíos y jaliscienses ya son al fin

dieta de gusanos, relleno de petate.

La Muerte ayuntada con las cifras oficiales.

De uno en uno los ricos y los otros en tropel,

ellas, ellos, los demás, trocados en retales.

 

¿Ven? dijo el Fiscal, datos y realidad hacen peales,

ya ni quien diga algo del secuestro, de la extorsión.

Y de los ciudadanos que hoy pueblan el panteón,

en actas de difunto se asientan las causales:

no los enfrió la Parca, violenta de ocasión,

los ajustició la plaga de la comunicación,

viento dañoso que acarrea todos los males,

felparon aquejados de la mortal percepción.

 

PINOS PARA EL CAJÓN

Guadaña en mano, puro hedor, desencarada,

la Muerte importunó al Presidente, apresurada:

Peña Nieto, a dejar la Silla desocupada.

Videgaray, Osorio y Murillo repelaron,

¿no te parece un abuso de anticipamiento?

Aguanta un rato, lo tenemos todo resuelto,

reforma aquí, reforma allá, no hay cabo suelto.

No se va a poder, no es mitin del Politécnico,

antes disculparán, pero ya me había tardado,

hay clamor, que me lo lleve rauda pa’l otro lado.

Emisaria del pasado, rugió el Presidente,

Agorera fútil de los derechos humanos,

vil ciudadana sin mecate, no seas 132,

tú y tus mañas fatales me pelan el diente.

Clamó a sus dependientes: a ella, mis valientes,

a sus huesos milenarios todo el peso del Estado.

 

EN EL AVERNO RETUMBARON LAS CARCAJADAS.

Aunque vivos, aunque fiambres, eran unos pesados

y así, como si nada, la putilla del rubor helado

cegó el sino de los cuatro de una pura dentellada.

Luego meditó: éstos eran la fuerza del Estado,

mejor que los mexicanos han de estar, sin duda,

el sinfín de almas que al infierno me he llevado.

 

PUNTO DE QUIEBRE

siente que su fatiga se fatiga,

se erige a descansar de su descanso

y sueña que su sueño se repite,

irresponsable, eterno,

muerte sin fin de una obstinada muerte,

Sobre una piedra como un trono, sentada.

Desde allá sus oquedades nos contemplan.

De sur a norte, de océano a océano.

La guadaña es bastón, su halo no es maligno,

está exhausta y casi mortalmente disminuida.

Páramo sin cruces que no esquilmó la Parca,

al México que me temía retándome,

al que me celebraba para sacarme la vuelta

lo murió un deceso tosco y prematuro:

la codicia malhechora y el gobierno corrompido.

Cuánto lágrima, cuánto desaparecido

que por no morir bajo mi tutela, en el tiempo convenido,

deja a los vivos rotos con el espíritu aterido.

Tanta madre, tanto padre vueltos un dolor vivo.

Quién me quita el pesar de verlos transidos,

con el resuello a medias y lejos aún del curativo

trance del Mictlán, donde no hay tortura ni cautivos.

El poema de Gorostiza no era canto sino augurio.

 

Un calosfrío crujiente recorrió a la Descarnada.

El cempasúchil y el azúcar, el pan y el papel picado

hay que guardar por el duelo, la Catrina está enlutada.

Días para un rito otro, uno que hemos de inventar.

Los muertos que el país sufre traen uncidos

a criminales y autoridades de los que se forman en par.

Mal que escarna, que entraña una rabia tajante y urgida,

una que la labia no cura y que nadie podrá parar.

 

Este día la tumba no es el solo sitio para llorar,

los desaparecidos exigen un memorial en su Nada.

Que no es muerte y sí es, ausencia abismal,

vacante atemporal.

Que no es vida y sí es porque estimula,

[revolución concertada.

Sobre una piedra como un trono y en lo alto, sentada,

la mexicana Muerte no quiere velas, no quiere mezcal.  

(Lo que está en cursivas es de Muerte sin fin, de José Gorostiza).

agustino20@gmail.com