Suben, bajan, seducen

Existen unas señoras que van por el mundo y se ponen al servicio de quien quiera tomarlas, carecen de moral y no la echan en falta: en cuanto son deseadas no sólo se entregan sin pudor alguno, se embadurnan de la ética de quien las posee. Son todo, son lo que queramos que sean y son globales, se entienden en cualquier país y su piel, correosa y camaleónica, está hecha de cifras. Señoras atemporales, siempre atenidas a la probabilidad y al mejor postor, las estadísticas.

Recién aparecieron en Guadalajara y el 15 de octubre Milenio Jalisco les hizo promoción desde el titular mayor de su primera plana: "Avance en educación; pendiente, seguridad", y la explicación: "Indicadores de Bienestar en Jalisco, de acuerdo al reporte presentado en Foro Mundial de la OCDE" (Organización para la Cooperación y el Desarrollo). La nota de Miguel Ángel Puértolas profundizó, p. 8: "De acuerdo al documento presentado en el 5to Foro Mundial de la OCDE, la entidad ocupa el primer lugar en cuanto a educación, principalmente porque la deserción escolar en el nivel de preparatoria es la menor en el país, además de ser el mejor estado con la mejor evaluación de la prueba PISA."

El caso es que el INEGI presentó aquí Indicadores de Bienestar por entidad federativa, trabajo que desarrolló con la OCDE y con los estados de la república, a partir de la metodología del Better Life Index, que mide el grado de bienestar y el progreso de los países que componen al organismo internacional. Pensemos en educación, que tanto aprecio nos merece y que además fue el tema que Milenio destacó como avance presumible de Jalisco, los indicadores que dan cuenta de semejante logro, según el INEGI, son: los niveles de educación, con datos de 2010, y los dos que menciona la nota antes citada: deserción escolar, medida en 2013, y la prueba PISA, la de 2012. Por lo que desde el nuevo centro intelectual de la Perla de Occidente, Expo Guadalajara, y hasta el Palacio de Gobierno, las suripantas pastoreadas por el INEGI y la OCDE provocaron una celebración rumbosa, y los no menos amorales indicadores hicieron las delicias de quienes los sobaron con fruición, viéndolos sin mirarlos. Nomás que como ya quedó dicho, la lealtad de las estadísticas no es sólida, basta apretar otro botón del navegador de Internet para que se rindan a distinta observación. Leemos en el Better Life Index (las negritas son de ellos): "En México, el 37% de los adultos entre 25 y 64 años han terminado la educación media superior, cifra mucho menor que el promedio de la OCDE de 75 por ciento y una de las más bajas en los países de la OCDE. (...) En lo que respecta a la calidad del sistema educativo, el estudiante promedio obtuvo una calificación de 417 puntos en lectura, matemáticas y ciencias en el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) de la OCDE. Esta calificación es más baja que la media de la OCDE de 497."

En resumen, si comparamos diferente borra del mismo ombligo: vamos muy bien, pero si hacemos un contraste amplio (si no, para qué presumir que hospedamos al Foro Mundial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo) todo lo bien que nos sentimos muestra otro nivel: la educación en México, frente a la de sus 33 socios de la OCDE, está por debajo de la media tabla. ¿Es correcto festinar que estamos mejor que Oaxaca y Guerrero debe conformarse con aspirar al nivel de Jalisco? Calibremos igual a las veleidosas señoras que, encantadoras, musitan del milagroso combate a la pobreza, de la menguada inflación y de la sorprendente salud de los salarios; como afirma el profesor-investigador del Iteso, Francisco Núñez de la Peña: "Quien compara elige lo que quiere comparar y tiene un propósito". Lo importante no está en el dato puesto arbitrariamente ante otro, más bien subyace en las intenciones de quien usa los indicadores en turno y en la calidad crítica con que la gente recibe la estadística que le ofrecen como redentora.

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