Sociedad plena o sociedad anónima

El gobierno de Jalisco creó un organismo público descentralizado para mejor gobernar el bosque La Primavera. Como todas las medidas que toma cualquier gobierno, ésta no goza de aceptación unánime. Agustín del Castillo ha dado cuenta de las voces que se quejan y amenazan con impugnar el hecho; dicen que la nueva instancia lesiona sus intereses, privados, y exigen tener en el órgano de dirección del OPD voz y voto en monto tal que equivalga al porcentaje de propiedad de territorio que ostentan. Si en las leyes está asentado que el gobierno representa el interés de la mayoría, los inconformes asumen, por su ley, que por encima de esa mayoría está su calidad de dueños. Si seguimos su lógica, el propietario de una casa puede hacer en ella lo que le venga en gana, por ejemplo un casino, una gasolinera o un antro, si la autoridad se opone con el argumento de proteger el bienestar de quienes rodean la casa, violará el sacrosanto derecho de quien posee un bien raíz.

El Club Atlas, A.C., luego de una sucesión apenas creíble de administraciones que nomás no dieron con la manera de hacerlo autosuficiente, está en plan de que alguien lo rescate de la quiebra por la vía de venderse, eso sí: al mejor postor. En suma, se puso en situación de que sus problemas económicos primaran por sobre su inspiración original, que fue tan buena, hace casi cien años, que al club no le tomó mucho tiempo convertirse en parte de la identidad de Guadalajara; el equipo de futbol Atlas se hizo patrimonio de muchos, parte del espíritu tapatío. Hoy, sus arcas exhaustas ya no dan para soportar la cortedad de miras y la indolencia de sus directivos, y quiere, le urge resolver sus problemas financieros, quizá sin considerar su índole social: ¿y si quien lo adquiera prescinde del estadio Jalisco, de la colonia Independencia, inclusive de la ciudad? Qué más da, lo central es que 124 socios duerman tranquilos, y hasta con una dosis de dividendos bajo el colchón. Ya pasó con las Chivas; ciudadanos y gobernantes aceptamos mansamente que es un asunto de particulares lo que se haga con el equipo, y así el nuevo dueño decide lo que le viene en gana, puede llevarlo a la ruina, como lo está haciendo, pues es su derecho, y resulta accesorio, mero ejercicio intelectual, poner en consideración el rol social, económico y simbólico del Rebaño Sagrado.

Ya sea en La Primavera, con un equipo de futbol, en la asignación de obras que pagamos del erario, con el comercio ambulante, el transporte urbano o en el combate al crimen organizado: lo público versus lo privado, el cálculo económico versus las consideraciones sociales. Todavía no nos ha tocado contemplar y disfrutar actos de gobierno que medien eficazmente; tampoco sabemos de algún gobernador, de un presidente municipal, que haya dado un manotazo en la mesa para, con la ley en la mano, imponer el beneficio de los más. Sólo sabemos, por las consecuencias, de los tratos en la sombra o de los gestos de impotencia ante la imposición degradante de los poderes privados.

Los que actúan como damnificados por el OPD, Bosque La Primavera, no dicen contundentemente cuál parte de su derecho concreto inhibe el que no tengan mayoría en él, o lo que desean hacer con el terreno y que la nueva institución les impide; apelan a lo subjetivo de su título de propiedad como si éste debiera ser el bien supremo a tomar en cuenta al gobernar una sociedad; el OPD es lo mejor que le pudo pasar al área natural, pero la autoridad no dice claramente lo que sí es posible desarrollar en un lugar como La Primavera, sin violentar al medio ambiente y la sustentabilidad. Chivas y Atlas son parte de la historia de Guadalajara, de su ADN, pero a la hora de tomar decisiones nadie lo hace explícito. En ningún caso se trata de que el estado valide o cometa trapacerías al anteponer un valor social; no, se trata de que medie, abiertamente, y proponga un camino transparente que resulte benéfico para todos, que considere la historia y también el futuro.

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