Soberanamente sometidos

Habrá relación entre las señales apocalípticas que recorren el mundo y el crecimiento espectacular de la economía de Estados Unidos? El miércoles anterior el gobierno de aquel país anunció que en el segundo trimestre avanzó 4% y ayer viernes informó que en julio su economía agregó 209 mil empleos, con lo que suma medio año continuo añadiendo más de 200 mil trabajadores contratados cada mes, la racha más larga en casi dos décadas, según publicó The Washington Post.

Del lado del escenario apocalíptico, a escena otra vez la guerra de Israel contra el mundo, y contra una parte de los mismos israelíes, en la que el territorio y los muertos los ponen los palestinos. José Steinsleger, articulista de La Jornada, escribió el miércoles anterior sobre “La ‘moral’ del soldado judío”, recordó un reportaje que el diario Haaretz, de Tel Aviv, publicó en 2007 sobre las camisetas que usaban algunos soldados de Israel: “Otro militar lucía en la suya el lema: ‘Un disparo, dos muertes’, inscrito bajo un dibujo de un punto de mira que apunta el vientre de una palestina embarazada vestida con la típica túnica islamita”. En el texto de Steinsleger leemos que la oficina de relaciones públicas del “Ejército de Defensa” (sic) israelí se justificó con este argumento: Aunque las camisetas son “de mal gusto”, “se trata de ropas privadas”. Mal gusto, noción de la estética que el ejército del Estado judío usa para huir de la ética. Otra leyenda en una de las camisetas aconsejaba: “Es un niño, así que tienes más problemas a nivel moral, y además el objetivo es más pequeño”. Las mujeres, los infantes muertos en esa guerra, ¿son daños colaterales o como indicaban las prendas de los militares, objetivos de guerra?

De este lado del mundo, en América del Sur, su apocalipsis está en las garras de los fondos buitres que hoy devastan Argentina. El juez estadunidense Thomas Griesa con su fallo premió la especulación y mandó un mensaje negativo a los acreedores que renegocian las deudas con sus clientes: Es más rentable demandar ante un juzgado de Estados Unidos, recuperarás todo y al final desde Washington llegará la orden para que pague el de siempre: El pueblo aludido. La sentencia puso a los dueños del capital por encima de las naciones, de las personas, de la justicia, de la esperanza de los pobres y de la misma inversión productiva, ésa que se la juega por la manufactura, por producir bienes y servicios, que crea puestos de trabajo y paga impuestos. Para los detractores de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, la resolución representa un castigo para la irresponsabilidad inherente al populismo que descree de las reglas neoliberales, aunque de por medio vaya el futuro de millones, meros desarreglos secundarios por el bien del capitalismo; a los que celebran el dictamen nomás les falta decirle a los argentinos: Nos duele más a nosotros que a ustedes. Para quienes ven un panorama más amplio, como el premio Nobel de economía Robert Solow, y otros 99 economistas que firmaron una carta abierta dirigida el Congreso de Estados Unidos: “La sentencia de la corte crea un riesgo moral, al permitir que los inversionistas obtengan el pago completo, sin importar el riesgo de su inversión inicial”.

Sin pruebas, es pura retórica insinuar una relación causa-efecto entre historias como las narradas y la recuperación de la economía más poderosa. Es una tesis indemostrable aunque sumáramos otros portentos con tufo apocalíptico, como los que estelariza la Rusia de Putin o el caso de los niños migrantes (rebabas de la pobreza) o la reforma fiscal mexicana, diseñada para ciudadanos que aquí no existen, o la energética, que contrae a la CFE y a PEMEX al nivel de changarros y pone un anuncio sobre el territorio nacional: Se traspasa, urge, trato directo. Empresas depredadoras del medio ambiente y fondos buitres: podemos negociar. Incluye legislación laboral blanda, mano de obra barata y sindicatos y medios y gobierno mansos.

 

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