Realidades al gusto

Por ciertos azares laborales no fue difícil terminar en el segundo Foro Urbano Nacional en la ciudad caribeña de Santa Marta, Colombia. Ya ahí, tampoco fue difícil identificar las coincidencias, si de ciudades y gobiernos locales se trata: demanda por la reelección de alcaldes; la necesidad de planear a largo plazo; poca recaudación, asentamientos irregulares; obstáculos jurídicos, políticos y económicos para crear metrópolis a partir de las urbes que abarcan varios municipios; relación distante con los ministerios del gobierno nacional; inequitativa distribución de los impuestos; problemas de movilidad, etc. Pero cuidado, al embelesarnos con las similitudes perdemos de vista otros detalles, en los que algún aprendizaje puede haber.

El miércoles y el jueves anteriores, el tono en el Foro fue uniforme entre quienes conferenciaban o debatían al frente: sí, hay problemas, aunque la magnitud de ellos es directamente proporcional al tiempo que dedicamos a verlos, así, hoy se trata de instaurar la gran Colombia, a partir de sus ciudades. Por ejemplo, se presentaron estudios sobre la desigualdad social en aquel país, de inmediato fueron refutados, con el argumento de que el gobierno ha hecho llegar, a los pobres, comida, transporte barato, casas de 40 metros cuadrados; la misma persona que afirmó esto nos aleccionó: ni modo, la desigualdad es consecuencia natural del progreso. Un aroma de consenso no explícito hizo extraño el ambiente para quienes sabemos de una Colombia otra; un mensaje subliminal trataba de abrirse paso: lo peor ya pasó, toca la construcción armoniosa y futurista de las poblaciones medianas y grandes. Quién sabe para quién, sospechamos que no para todos.

Sí, mencionaron la corrupción, a los grupos armados ilegales y a los paramilitares, pero como quien habla de especies en vías de extinción; si nos atenemos a lo dicho en el Foro, el crimen organizado corre al margen, tal como las palabras que de repente asomaron: secuestro y extorsión; alguno aventuró que los jóvenes son enganchados para delinquir, pero quedó como las letras chiquitas en un contrato abusivo. El tema de la violencia mereció una mesa de trabajo, “Seguridad humana”, seguida de un debate cuyo nombre da pistas sobre la idea que sobre Colombia quisieron hacer pasar los organizadores: “Cohesión social”; la última sesión terminó por delinear su perspectiva: “Ciudades de cara al post-conflicto”. Ahora mismo el gobierno colombiano y las FARC negocian la paz, en La Habana, Cuba, y claro, los del Foro están prestos para pasar la escoba y meter los cadáveres y las complicidades y a las víctimas y a los desplazados debajo del tapete. Para completar el panorama, con un toque subversivo al tiempo que políticamente correcto, el Vicepresidente, en un discurso adornado con sabiduría popular de raíces rurales, mencionó con todas sus letras el racismo que existe en aquel país contra los indios y los negros, fustigó el clasismo y dijo que los ricos colombianos son egoístas.

Y otra vez al motivo del encuentro, las ciudades: Medellín es un milagro de la creatividad y la innovación; Bogotá, ejemplo de reinvención y de ciudadanos participativos; las urbes del corredor cafetalero no ven sino grandeza y luz en su camino, salvo por oscuridades menores; la misma Santa Marta no tarda en ser paradigma internacional, de algo. Los alcaldes que tomaron el micrófono hablaron bien, con conocimiento y coherencia, saben de leyes, de programas y presupuestos, y su experiencia es ancha; todos con un discurso similar.

Y esto, ¿qué con nosotros? Pues los modos colombianos son del gusto del actual gobierno de México, y con todo y que las evidencias sobre el incremento de la violencia y de la crisis económica, aquí, el consenso en la cúpula se percibe del tipo: no pasa nada, hablemos de las reformas estructurales, de huracanes, del gasto público y de caridad, perdón, de solidaridad. No obstante, el deterioro continúa y el tiempo se pone a favor de quienes confunden silencio con paz y la justicia con acallar el recuento veraz de la realidad. Debajo de nuestro tapete ya huele mal, tal vez esperan a que nos impongamos al hedor para comenzar a organizar foros, con la ONU de aliada.