Productos virtuales y caros

Una empresa fabricante de pan. Su cliente compra el producto y a la hora de entregar el pedido el repartidor se presenta, bien vestido, esclava de oro en la muñeca derecha, reloj vistoso en la izquierda y un legajo en la mano; frente al comprador coloca una pequeño pedestal portátil y se para sobre él, aclara la garganta y: amigo abarrotero, pasamos por tiempos duros, tiempos de prueba para el carácter y para la productividad, nunca, como hoy, elaborar pan había sido tan complicado, de la harina a la energía eléctrica, por no hablar de los compañeros trabajadores de la masa, y la durísima competencia planetaria, cada eslabón de la cadena representa un reto a resolver, pero los hemos sorteado, enfrentamos los obstáculos y estamos muy satisfechos, aunque sabemos que falta mucho por hacer, por ejemplo su pan. Sin embargo, sepa que no escatimaremos esfuerzo. Mientras tanto, tenga un reporte del uso que dimos a su pago; como podrá comprobar, la transparencia es absoluta, no en balde recibimos reconocimientos internacionales, su dinero se ha gastado en varias cosas y en el futuro su pan será una realidad.

Un famoso pintor mexicano, su obra es admirada y deseada en todos los continentes. Se acerca la apertura de su gran exposición en Sídney, Australia. La expectación es grande, la galería le adelantó un millón de dólares y el galero confía en vender lo expuesto en siete. Llega el día y no falta alguien; al grado que pusieron pantallas de televisión en la calle para quienes no cupieran en el recinto. El reloj marca la hora destinada para que el artista plástico dé su mensaje, junto a la ministra de Cultura; puntual, elegantemente vestido, con estudiado desaliño y aparentemente mal rasurado, se planta frente al micrófono, sabe que es la partícula elemental y disfruta el momento, que percibe estático, su gloria lo nimba. A su alrededor, las paredes, albas, lucen vacías, ni un calendario cuelga de ellas. Honorables asistentes, murmura y siguen tres segundos de silencio, estar esta noche con ustedes es onírico, no imaginé que mi arte y yo iríamos tan lejos y atados a un compromiso de esta magnitud; hoy, la gente que creyó en mí seguramente sonríe satisfecha, por mi parte les digo: no los defraudaré, a pesar de que enfrentamos desafíos históricos, inusitados; pintar, actualmente, es para osados que lo apuestan todo; comprar lienzos, la calidad de los pinceles, luchar con los proveedores de los óleos, de los bastidores… no es para espíritus blandengues, por ustedes, por su confianza, no flaqueo. Cada dólar que me entregaron se ha aplicado con pulcritud, cada cheque extendido tiene su debida póliza y para dar uso prístino a los recursos, sin distraer un centavo para gasto corriente, emprendí la reducción de la plantilla laboral, inclusive, para que entiendan cuán dispuesto estoy al sacrificio, despedí también a la recamarera, he pagado las respectivas indemnizaciones de ley, lo que representa un desembolso considerable, pero armoniosamente legal. Gracias a esto, lo sé, pronto contemplarán obras magníficas, bueno, tal vez ustedes no, sin duda las generaciones por venir que agradecerán su esfuerzo, impermeable a egoísmos coyunturales.

Qué sería del país si nos camufláramos de políticos y actuáramos como ellos. Quebraría, en todos sentidos. Los dos casos supuestos son aberrantes, algo como eso sería inadmisible. No obstante, es la fórmula que aplican los gobernantes un ciclo sí y al otro también, y nos quedamos como si nada. Dedican una buena cantidad de sus afanes a contarnos los problemas de operación que tienen, las peleas entre ellos, y bien poco a hacer lo que en verdad necesita la sociedad. Basta atender las declaraciones de los próximos alcaldes: que si las deudas, o la nómina o la auditoría o los laudos… Sí, deben reparar muchos entuertos internos, pero no más que el panadero y el pintor, que terminan por hacer lo suyo sin excusas ni lloriqueos. A nadie le interesa contratar un músico para escuchar cómo afina su guitarra.

 

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