Pemex en el drenaje

Hagamos el futbol a un lado. Ayer la Selección Nacional dejó asentado que puede competir, que los futbolistas mexicanos cada día se alejan de las taras que los aterían. Pensemos en lo que sucede en el Congreso donde se discuten las leyes secundarias que darán sustancia a la reforma energética, tal parece que ahí sí las taras que nos tienen económica y políticamente postrados se resisten a dejar de ser parte de la historia contemporánea: no confiamos en los legisladores que defienden la propuesta del Presidente porque inhiben la trasparencia y el debate, lo que induce a ver sus razones como coberturas de negocios personales o como meros justificantes para rendir la riqueza nacional a las llamas de la competencia global, es decir: a los imperativos de la productividad entendida como los máximos dividendos, para los accionistas, en el menor tiempo posible.

A finales de 2012, con el sello de la editorial Taurus apareció el libro Una nueva visión: México 2042. Futuro para todos. Varias instituciones y sus expertos lo nutrieron de contenidos: Centennial Group Latin America, Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, Instituto Mexicano para la Competitividad y México Evalúa, el prólogo le correspondió a Héctor Aguilar Camín. En la p. 294, capítulo 8 que redactó Roberto Newell, dice: “Según las proyecciones de Pemex para la producción de crudo, a fin de mantener los niveles actuales será indispensable la producción de campos aún por descubrir y explorar. El plazo para lograr esto es muy limitado. Pemex prevé que para 2017 la demanda nacional ronde los dos millones de barriles diarios. Esta suma es aproximadamente igual a la producción prevista para ese año de los campos ya en explotación. Para mantener los niveles actuales de exportación (1.5 millones de barriles diarios) es necesaria una producción en torno a de 3.5 millones de barriles diarios. Esta cantidad excede las estimaciones optimistas de producción total de Pemex de 3.1 millones”. Una página después el autor informa respecto a Chicontepec, zona petrolera en Veracruz: “Se han invertido más de cinco mil millones de dólares en los últimos tres años (Lajous, 2011).” “A mayo de 2011 se habían perforado más de dos mil pozos. La producción promedio ha sido muy decepcionante: 24.5 barriles diarios.” No es un error, la cifra es veinticuatro punto cinco. El experto concluye: “El nivel de actividad necesario rebasa la capacidad de Pemex y sería económicamente imposible sostenerlo.” El Presidente y sus legisladores reducen esto a una opción, tal vez porque concluyen que nosotros, ellos, no podemos hacer con los hidrocarburos sino rematarlos porque tenemos, tienen, una perenne necesidad de dinero rápido, entonces: que otros inviertan y nos salven, lo que México les retribuirá con utilidades muy atractivas que pudieron ser nuestras. Al contrario de lo que sucede con el futbol, Peña Nieto y su palafrenero en este tema, el senador Penchyna, suponen que no tenemos remedio, prefieren que Pemex tire la toalla y deje la cancha para jugadores extranjeros.

El 26 de mayo varios senadores vinieron a Guadalajara a promover la propuesta del Presidente. Dejaron a su paso un documento firmado por David Penchyna; no es un libro, es una colección de frases, con monitos, en busca de algún sentido, no aporta datos para construir una opinión sólida. Mientras en el libro que citamos antes, perder la capacidad exportadora de petróleo es alarmante, en este pasquín que elaboró la Comisión de Energía del senado no se menciona cómo y quién exportará, el cómic se limita a exploración, producción, importación y distribución de gas. Eso sí, insiste en que “el petróleo en el subsuelo siempre es de la nación”, “los hidrocarburos son y seguirán siendo de la nación”. Quizá el planteamiento sea algo como: vendemos el coche y no hacemos el cambio de propietario; quien lo use juiciosamente tendrá los beneficios, pero si choca o atropella o delinque con él, la responsabilidad recaerá sobre el dueño original.

 

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